lunes, 28 de noviembre de 2011

8 Cosas que no te contaron del 20N

1.- El 20N Rajoy obtuvo 458.642 votos menos que Zapatero en 2008.

2.- El 20N Rajoy recibió el apoyo de 3 de cada 10 votos emitidos. El 30,1% exactamente.
(Si sumamos la abstención, se observa que el PP tuvo el apoyo del 24% de los españoles con derecho a voto nada más).

3.- El 20N Rajoy recibió el apoyo de 12 de cada 100 vascos con derecho a voto.

4.- El 20N Rajoy recibió el apoyo de 13 de cada 100 catalanes con derecho a voto.

5.- El único diputado por la Ciudad de Melilla fue para el PP. Sólo lo votaron 3,4 de cada 10 melillenses con derecho a voto.

6.- El gran triunfo popular en Madrid: 63 de cada 100 madrileños con derecho a voto no votaron al Partido Popular.

7.- En el gran feudo popular, Valencia, el 61% de los valencianos con derecho a voto no votaron al Partido Popular.

8.- 80 de cada 100 catalanes han dado la espalda a CiU, el partido que les está cerrando los hospitales. Es evidente que necesitamos una reforma de la ley electoral ya. No queremos seguir aguantando este fraude.

Porque no puede ser que un partido con 333.628 votos obtenga dos escaños más que uno que haya sido elegido por 1.142.242 votantes.

Si también consideras que se burlan del principio de igualdad contemplado en la Constitución (en este caso referido a la validez del voto de los ciudadanos), firma y difunde esta Iniciativa. Gracias.

http://actuable.es/peticiones/reforma-la-ley-electoral-espanola-ciudadano-voto

viernes, 25 de noviembre de 2011

Ser antisistema


En los medios de comunicación y en las discusiones en la calle y en los foros de internet siempre hay palabras mágicas que, por el poder que otorga el estereotipo, impiden que la conversación continúe por ciertos derroteros. Una de esas palabras es "antisistema" o "jóvenes antisistema". Como ya hice con respecto al término "perroflauta" voy a intentar analizar qué conlleva esa expresión.

Creo que está bastante claro que cuando los medios de comunicación dicen que había "jóvenes de grupos antisistema" se refieren a personas violentas que no respetan el orden establecido. En los medios nunca se ha hablado sobre si la gente que, individualmente o en grupos organizados, está en contra del orden establecido son violentos o sobre cuáles son sus razones. Por eso se supone que ni tienen razones, ni van a dejar de ser violentos. "Antisistema" es una palabra que aparece sólo en momentos concretos, relacionados a episodios de violencia callejera -en los que no se analiza si a veces fueron las fuerzas de seguridad las que empezaron-, y que resuena como cuando nos avisan "cuidado que viene el coco". Pero nadie parece saber quiénes son esos "antisistema", salvo dicha policía, que parece conocerlos y tenerlos estudiados. Sin embargo, ni en la escuela ni, insisto, en los medios de comunicación, se nos ha hablado nunca de qué son, qué quieren y por qué estos antisistema. Se habla de "los antisistema", pero nunca se explica qué son.

Nunca se ha hablado tampoco como se debería de los movimientos antiglobalización y de otros muchos, y a menudo los medios retratan a cualquier medio disidente sólo con las eventuales imágenes de enfrentamientos con la policía, sesgando si era un enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas del orden, o como en muchas ocasiones, si sólo eran las fuerzas del orden contra los manifestantes.



La palabra "antisistema" encierra en sí misma una oportunidad para esos movimientos de ser comprendidos o bien ser malinterpretados. Cuando resuena en los medios o en boca de reaccionarios, da la impresión de que hay personas que simplemente están en contra de toda forma de hacer las cosas, de todo "sistema", algo así como analfabetos de la vida y enfermos del comportamiento. Y que por eso son violentos. Es un estereotipo que puede tener algo de razón si atendemos a individuos concretos -como hacen los medios sensacionalistas-, pues sí es cierto que tanto en la izquierdas y derechas más radicales se reúnen personas de carácter agresivo e impulsivo, que confunden planteamientos políticos radicales con su necesidad de expresión de rabia. Pero un planteamiento político radical no implica un carácter violento ni que la puesta en práctica de esas ideas pase por el ejercicio de la acción violenta.
También podemos leer en "antisistema" la cuestión de que hay gente que está contra el sistema, y el sistema ya sabemos cuál es -o quizá no-. Y estar en contra, tener una opinión dispar, es completamente libre, y no implica ser violento. Si los medios hablan de "antisistemas" sólo cuando consiguen imágenes de alguno alborotando, están ignorando libros sobre historia política incluso reciente, y negando discusiones y reflexiones actuales que también incluyen a escritores y columnistas pacíficos de periódicos y editoriales comerciales.

Dentro del movimiento 15m hay por un lado la aceptación de la etiqueta y la búsqueda de ruptura con el discurso de los estereotipos: "No soy anisistema, el sistema es antí mi", o "todos somos antisistema". Pero también hay cierto complejo, o bien distanciamiento, a la hora de aceptar esa idea, pues en algunos manifiestos se ha podido leer "no somos un grupo antisistema". Pero ¿de verdad es algo malo ser antisistema? Rescatemos esa palabra para reflexionarlo:

El sistema capitalista, desde sus inicios y aún en la actualidad, ha permitido que una minoría se haya enriquecido utilizando mano de obra lo más barata posible, porfiando contra el aumento de derechos de los trabajadores en todas las ocasiones. Ha obviado el respeto al equilibrio de la Naturaleza y los recursos, tomándose con parsimonia la creación de leyes que limiten su destrucción. Ha permitido que los especuladores financieros alteren el precio de los alimentos y las leyes de producción, sin importarles las hambrunas que constantemente se han provocado. Han hecho grandes fortunas aliándose con gobernantes corruptos y dictadores. Etc, etc. Qué os voy a contar. Os habréis fijado en que este párrafo es "el típico discurso antisistema". Pero es que esta es la realidad. El sistema capitalista es eso, y yo estoy en contra. ¿Cómo no vamos a ser antisistema?


Mucha gente tiene una opinión contra el sistema capitalista neoliberal. Se puede tener una opinión "tradicionalmente" contraria al capitalismo histórico, o bien se puede ser contrario al neoliberalismo actual, digamos lo que vino después del Keynesianismo o la Escuela de Chicago.
Durante la historia del capitalismo, son muchas las teorías y tendencias en cuanto a organización de la riqueza que han tenido lugar. Uno puede estar de acuerdo con parte de algunas de esas ideas, o a lo mejor con ninguna. Suponer que cuando uno está contra este sistema no tiene más ideas que la destrucción del orden por sí misma, o que no tiene un pensamiento construido sobre cómo podría ser la sociedad, o cómo organizar la riqueza y la producción de bienes, es una típica maniobra del pensamiento postmoderno dominado por los medios de comunicación propiedad de corporaciones. El 15m en ese sentido creo que representa un antes y un después en la discusión política pública, donde muchas ideas que estaban siendo ninguneadas han decidido mostrarse sin complejos y con la evidencia de que tienen algo que decir. Dar por sentado que muchas medidas y planteamientos sobre sistema alternativos no sean viables es demasiado suponer e ignorar, aunque no es extraño en nuestra época de pensamiento único.

Es absurdo por lo tanto suponer que un "antisistema" siempre es una persona violenta o relacionada a los enfrentamientos con la policía. Existe el antisistema pacífico, el teórico, el que construye hipótesis de cómo construir una sociedad mejor a través del trabajo, el que descubre que dentro de la ley se podrían hacer muchas cosas anticapitalistas que cambiasen parte de lo conocido. Un "antisistema" puede ser incluso un político de una lista electa, que cree en transformar el sistema desde dentro. Del mismo modo que los músicos de rock pueden ser personas ordenadas y tranquilas o todo lo contrario sólo dependiendo del carácter de cada cual, con las ideas políticas a todos nos ocurre lo mismo.

Viene muy a cuento comparar todas estas confusiones con el estereotipo que rodea por ejemplo al ideario anarquista: a pesar de que el anarquismo ha sido incluido en la asignatura de Historia en la educación secundaria, la mayoría no tarda en olvidar esos contenidos y desconocer por completo lo que significa el anarquismo. No por ser anarquista uno debe ser violento, y es bastante absurdo -y estúpido- confundir el anarquismo con las canciones de los Sex Pistols y los personajes de pandillas de películas de los 80.

Resumiendo, liberando a "antisistema" de sus connotaciones creadas por los medios, cogiendo la palabra en su puro significado, sí, somos much@s antisistemas, y no tenemos ningún complejo: estamos en contra de este sistema y queremos cambiarlo. Queremos una vida mejor con otras normas donde la economía y la política no estén por encima de la mayoría de la población, y que esa población pueda enfocar su vida de manera positiva hacia su comunidad, sin vivir con el pensamiento presionado por los problemas sociales que el sistema nos ha creado. Ser antisistema es una actitud positiva.


martes, 22 de noviembre de 2011

¿Sirvió para algo la abstención?



El 15m como tal apareció en abril o mayo de sorpresa y creció rápidamente. En aquel momento se empezó a hablar sobre las posibilidades de voto, la abstención, el voto en blanco y el voto nulo. Varias versiones contradictorias recorrían internet. La información sobre el valor de los votos y abstenciones se hizo muy apurada y la mayoría no nos enteramos bien. Quedaban pocos días para las elecciones y no hubo apenas cambios en las estadísticas. Meses después, creo que todavía mucha gente no lo entendió.

Creo que el resultado de la abstención ha sido la victoria del PP. Debido a la ley electoral, el aumento de la abstención ha permitido que con una cifra similar a las anteriores elecciones el PP consiga una "mayoría absoluta" con el 30% de los votos emitidos. Si hubiésemos votado todos, quizá no habría "mayoría absoluta" para el PP, puede que hubiera muchos partidos pequeños con bastantes más escaños y por eso quizá el año que viene ya no tendríamos la ley electoral, ya que estos partidos desean cambiarla.

Todo el mundo lo está hablando. Está claro que hay mucha más gente descontenta con esta ley que votantes del PP. Si hiciesen un referendum ahora o el año que viene sobre ello, no volverían a gobernar.

Ahora tenemos que esperar mínimo cuatro años (si es que no la blindan...). En cuatro años da tiempo de sobra a que nos informemos bien y "formemos" a la gente para que no nos vuelva a pasar. Parece que quizá la solución podría estar más cerca de lo que pensábamos. Si hubiese descendido la abstención, los partidos minoritarios podrían haber cambiado la ley electoral y otras muchas. Es posible que el PP no volviese a sacar una "mayoría" como ésta: del 30% de hoy quizá pasasen al 25 como en el gráfico de arriba, o al 20%. O quizá no, ya que no sabemos la intención de voto de todas las abstenciones.

Claro que luego nos queda la duda de si el sistema económico mundial permitiría a los partidos pequeños gobernar según sus programas.

Relacionado: Positivizando el resultado de las elecciones.

lunes, 21 de noviembre de 2011

20N 2011 : Positivizando el resultado de las elecciones.


Mucha gente está cabreada y desanimada con ideas como que "la mayoría de los votantes han votado a los malos" o "este país está lleno de fachas". Pero la realidad de las estadísticas es bien diferente.

El PP ha sacado sólo el 30% de los votos a partidos. Vamos, que no es ni la mayoría de los votantes ni la mayoría de los españoles. La mayoría absoluta se la ha dado la ley electoral, no el pueblo.

Lo cierto es que el PP no ha sacado muchos más votos que por ejemplo en los comicios anteriores, en los que perdió.

Esa ley electoral también le ha permitido obtener escaños por cada 50.000 votos. Partidos como Equo con 200.000 votos no han obtenido escaños. Como en la economía, la democracia capitalista se lo pone más barato a los grandes y/o ricos.

Mucha gente se ha abstenido en protesta por la ley electoral. Si no hubiese esta ley habría votado mucha gente que no votaría ni al PP ni al PSOE. En ese caso, puede que los votos del PP no fuesen el 30% sino quizá el 25 o 20%.

Vamos, que no me vengan diciendo que el gobierno representa "a la mayoría de los españoles".

Esto algún día ha de cambiar.

Por otra parte, hay que sacar del gráfico de arriba otra conclusión: si todo el mundo votase en España y apenas hubiese abstención, es probable que ni el PP ni el PSOE ganasen las elecciones. Es decir, quizá deberíamos votar tod@s.

lunes, 22 de agosto de 2011

Ser o no ser perroflauta


En los últimos meses se ha puesto de moda el término "perroflauta" a raíz de la presencia de "punks y hippies" en las manifestaciones del 15m. Pero hace meses, "perroflauta" tenía un significado más liviano y menos "castigador": a partir de la imagen de vagabundos acompañados de sus animales que piden en la calle armados de una flauta, se aplicó a personas -sobre todo jóvenes- afines a manifestaciones estéticas o artísticas que se vienen a considerar "hippies" o "alternativas", y a lo mejor actividades desarrolladas alrededor de casas ocupadas y centros juveniles "alternativos", y en general con tendencia a ser de izquierdas. Ese es el estereotipo que, tanto la gente de izquierdas como la de derechas, entendíamos. Pues como estos jóvenes "titiriteros" suelen ser de izquierdas, hicieron presencia en el 15m, como otras muchas personas de diferentes estilos de vida, sobre los cuales, si queremos, podemos lanzar estreotipos igual de mordaces que los que utilicemos para los "perroflautas", y con igual trasfondo de, en realidad, sentido del humor. Como las manifestaciones fueron multitudinarias, la proporción de "perroflautas" en ellas es mayor que en el día a día, y de ahí que a algunos ojos todo esté lleno de perroflautas y de otras decripciones peores. Y bien, estos ojos no ven que la gente de izquierdas en general tolerantes con los perroflautas y con cualquier otro "tipo" de persona por principio, y, que yo sepa, no nos metemos en las cuestiones privadas que tengan que ver con la estética o aficiones culturales de cada cual, si lo que se trata es de hablar de política troncal. Así que a muchos de esos ojos les parece horrible que toleremos a perroflautas, punks y hippies en las manifestaciones, porque ya se lo parecía el que los toleremos en el día a día, como a personas "normales" -si es que éstas existen-. Pero otra cosa que estos ojos no ven es que por ser de izquierdas y tolerar a los perroflautas no significa que no veamos los defectos que puedan tener, es decir, el no ser contra-perroflautas no implica que uno sea pro-perroflautas. Los perroflautas son algo que hay, como tantas otras cosas, que, ahora que lo pienso, si las enumero caigo en la cuenta que muchos ojos tampoco pueden tolerar. Las personas abiertas de mente entienden que se puede ser punk y tener una opinión política elaborada, porque estamos en el siglo XXI. Otra cosa que esos ojos no ven es que cada persona es diferente, y eso incluye a los perroflautas, que no son un movimiento organizado ni una conspiración contra los "buenos valores", como a veces parecen estar a punto de sugerir.

Así que, a esos ojos, ni los árboles les dejan ver el bosque ni el bosque les deja ver los árboles. Y en estos meses de manifestaciones tolerantes (con sus vicios y sus virtudes) el término perroflauta ha pasado a ser un término despectivo universal para cualquiera que hable de política y lleve una camiseta en lugar de camisa, o tenga barba a la moda, o lleve pantalón corto en verano, etc. Y, finalmente, es el nuevo insulto para cualquiera que sea de izquierdas. Antes era un término del humor y la sátira populares, y ahora es un insulto político. Su significado es antiguo como lo más rancio: si no piensas como nosotros, eres un vago, un guarro, alguien que no se integrado en la sociedad, seguramente un radical extremista. El que ese término ahora se aplique tanto a los "perroflautas" originales, como a personas de cualquier edad, condición y estética, lo hace semánticamente peligroso, porque demuestra una vuelta de la mentalidad de lo más rancio y cerrado de la moral inmovilista de la derecha de toda la vida.

Es una realidad del momento, palpable en las redes sociales, en la calle y en algunos medios de comunicación, que quienes más utilizan el término "perroflauta" para denostar son periodistas de ultraderecha, gente que sigue el pensamiento neoliberal y neocon, gente que aplaude las actuaciones violentas de los antidisturbios y algunos de los mismos antidisturbios, y alguna que otra gente seguidora del papa. No estoy inventándomelo, ni tampoco generalizando. Antes "Perroflauta" era un término inocente y sencillo y ahora es una palabra que incluye no sólo a punks y hippies, sino también a personas de cualquier edad y trabajo que se manifiestan (incluso he llegado a leer que "en los videos nunca se ve a nadie normal"), incluye también a los periodistas, y hasta a los dirigentes del PSOE.
Se dice "perroflauta" donde antes se decía "rojos": mientras que éstos tenían rabo y cuernos, ahora se les supone ser unos vagos que no buscan trabajo y que huelen mal.
Es decir "perroflauta" se ha convertido en un insulto con supuestas implicaciones políticas. La derecha más cabezona (no necesariamente la ultraderecha) pretende que cuando hablemos de política tengamos miedo de no llevar la ropa adecuada, de tener discursos de izquierdas, de ser críticos con el sistema, y en general, de ser nosotros mismos. No es más que un insulto, y aunque no tiene ningún contenido político aceptable, ya no critica a vagabundos sino a cualquiera que de su opinión política y resulte ser de izquierdas. Y ya no se trata de si eres "antiglobalización" o "antisistema", simplemente se refiere a toda la izquierda, siempre considerándola una gran conspiración coordinada, donde supuestamente los votantes del PSOE patrocinarían a "grupos de violentos", y los ateos piden leyes de igualdad para las mujeres porque quieren "matar niños". Y al final tampoco se trata de que te consideres o no de izquierda, o si eres afin al movimento 15m, sino si representas o no la imagen de "los valores del buen ciudadano", o si los contravienes con tu libre pensamiento. Es decir, de un insulto suave, pasó a ser un insulto político, pero de esos que se usan para saltarse todo el rigor y se convierte en un insulto social de amplio espectro.

Creo, entonces, que podemos pasar a la fase en que dejamos pasar que nos llamen lo que quieran, no perder un minuto en intentar rebatir críticas sin sentido, y poner atención sólamente a aquello que de verdad tiene importancia.

jueves, 9 de junio de 2011

La cuestión agraria y alimentaria sugerida al 15m


Si Asturias no es un paraíso fiscal, no hay por qué comer manzanas suizas.
La agricultura también ha sido invadida por el neoliberalismo. Estamos reclamando soberanía política y económica, pero sin soberanía alimentaria estaremos en las mismas.

Recientemente, en un foro acerca de la soberanía alimentaria, subtitulado “¿Cuál es el futuro de la producción y el consumo de alimentos?”, los asistentes decidimos que debíamos hacer llegar las preocupaciones agrarias y alimentarias al movimiento 15m, hasta ahora sobre todo urbano, por las implicaciones sociales, económicas, políticas y ecológicas que incluyen los problemas que rodean a la agricultura en todo el mundo, y en especial en nuestro país.

Entendemos la agricultura como uno de los motores principales, sino el más importante, entre las bases que sostienen la sociedad humana, y que por lo tanto debe ser protegida por la sociedad de las políticas mercantiles neoliberales que la han transformado en los últimos años. Lo que debe ser un trabajo al servicio de toda la sociedad sin distinciones, relacionado directamente al Derecho a la Vida, y que, por ser una actividad ligada directamente a la Tierra, debe ser testigo y guardiana de la preservación de los recursos naturales, ha sido puesta por los gobiernos en manos de grandes lobbys de empresas cuyo objetivo es el crecimiento, el lucro y el control de los recursos y los mercados.

Identificamos los problemas que atañen al campo, la producción de alimentos y su consumo:

-La Política Agraria Comunitaria de la UE (PAC) lleva muchos años convirtiendo el universal y trascendental hecho de producir alimentos en otra rama más del comercio sujeta a los vaivenes de la especulación:

  • Desde la implantación de la PAC el número de productores en tierras europeas se ha reducido drásticamente.

  • Gran parte de los productores que existen sobreviven gracias a las subvenciones europeas, pues en muchos casos no pueden decidir el precio de lo que producen, que incluso llega a ser inferior a lo invertido. De no ser por las subvenciones, su trabajo sería inviable.

  • Las condiciones que la PAC impone a los campesinos son cada vez más exigentes: el tamaño de las explotaciones, la extensión de tierra o la cifra de cabezas de ganado exigidos son cada vez mayores. Se sigue una dinámica de productividad basada en el aumento de cantidad por puesto de trabajo.

  • Entre las exigencias, a menudo está la utilización de agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, combustibles), variedades de semillas, y otros productos que, al tiempo que ponen al límite las capacidades de la tierra, enriquecen a unas cuantas empresas.


-El campo también ha sufrido las tácticas del mercado neoliberal de la deslocalización, la privatización, la especulación, la contaminación y el consumo sin consciencia:

  • Mientras en los países tecnológicamente avanzados se reduce el número de productores y se les aumentan las exigencias de producción, la producción de alimentos de las grandes cadenas se deslocaliza a países con materia prima, impuestos o mano de obra más barata y menos protegida. Incluso algunas denominaciones de origen españolas han dejado de producirse en suelo español.

  • El FMI ha impuesto a países pobres la obligación de permitir la importación de alimentos de países ricos subvencionados vendidos a precio inferior al de producción (dumping), mientras que les impedía subvencionar a sus propios agricultores. La consecuencia de esto es la ruina de la producción propia, la miseria, la dependencia de préstamos internacionales, y el enriquecimiento de las empresas exportadoras de los países poderosos.

  • Muchas producciones comerciales de alimentos en suelo europeo son trabajadas por mano de obra precaria en condiciones miserables, en muchos casos inmigrantes con sueldos miserables o sin papeles.

  • La alimentación humana es otra víctima de la especulación financiera.Las cosechas se venden en bolsa. Incluso se subastan los beneficios de las cosechas de años futuros. Esto pone en peligro el control de las producciones, que pueden verse influidas por las decisiones de los accionistas.

  • Gran parte de la producción mundial de alimentos acaba en la basura para mantener el mercado en su forma habitual.
    La PAC limita la cantidad de leche que los ganaderos tienen permitido producir, para mantener la balanza de precios. Es decir, se les exige productividad, y luego se les sanciona por llevarla a cabo. Es la paradoja contranatura de prohibir producir alimentos.

  • La búsqueda de la implantación de los alimentos transgénicos no es otra cosa que el intento de las multinacionales para tomar el control sobre el derecho de la sociedad a manejar el futuro de sus alimentos. Con el argumento de “mejores alimentos” para “solucionar el hambre” o reducir el precio de los alimentos, se intentan poner en marcha sobre la población experimentos con plantas modificadas cuyos efectos en las personas y el medio ambiente aún se desconocen, y en muchos casos ni siquiera han pasado los controles pertinentes. Desde que entendemos que existen alimentos y recursos suficientes para alimentar a toda la población humana, el problema del hambre no es la falta de alimentos o de especies de los mismos, sino el sistema económico cuyo reparto es injusto y controlado por minorías que buscan el lucro de sus grupos.

  • Además, las empresas que crean organismos modificados presionan a la UE y a EEUU para la creación de leyes de patentes y “derechos de autor” sobre los organismos, destruyendo la soberanía natural de la sociedad para compartir el fruto natural de lo que da la tierra. Esta problemática incluye los casos de las “semillas suicidas” y la biopiratería o intento de las empresas de apropiarse de variedades populares ya existentes.

  • El problema de propiedad y uso de la tierra impide el lógico desarrollo de la agricultura. Grandes extensiones de terreno son utilizadas para la especulación o convertidas en suelo industrial, mientras la producción agraria se deslocaliza y es controlada por grandes empresas.

  • Algunas subvenciones son absorbidas por las extensiones de tierra pertenecientes a grandes fortunas. Dichas subvenciones son otorgadas, por ejemplo, por la suma de metros cuadrados de la finca y no por la cantidad de toneladas de alimentos puestos en circulación. No se sabe con exactitud si todo el terreno es sembrado o si los alimentos producidos son comercializados o en qué condiciones. En España, la mayor suma de subvenciones recibidas por agricultura han sido para la Casa de Alba.

  • En los países tecnológicamente avanzados las pautas de comercialización de alimentos han dado prioridad a las grandes empresas (supermercados y grandes superficies). Esto ha hecho desaparecer paulatinamente a casi todo el pequeño comercio, potenciando los oligopolios, y ha sentado pautas de competitividad por encima de la transparencia.
    Además, el sistema de distribución de alimentos está repleto de intermediarios, que inflan y deciden los precios de los alimentos producidos, sin que el productor original pueda decidir o disfrutar de esos beneficios.

  • A pesar del aumento de controles, la calidad de los alimentos ha disminuido. Se han sustituido las propiedades nutritivas de plantas sanas y su sabor, por plantas cultivadas con métodos que fuerzan su metabolismo y producen alimentos de mejor aspecto comercial, pero de menor valor alimenticio y de escaso sabor. Muchas veces el consumidor no sabe exactamente qué esta comiendo (y en el caso de los transgénicos, no existe regulación de etiquetado suficiente).

  • Es paradójico que a la agricultura ecológica se le exijan más controles y certificados que a la comercialización de alimentos “regulares”. Parece que al consumidor medio se le haya acostumbrado a preferir alimentos de peor calidad, al mismo tiempo que a gastar mucho dinero en consumir más productos de marca o de lujo.

  • Junto a la deslocalización y la competitividad, se generan problemas de exceso de consumo de energía y emisión de contaminantes: el envío de alimentos de un lado a otro del mundo, o de un lado a otro de Europa, o de una esquina a otra de un país antes de llegar al consumidor, puede llegar a límites absurdos. La venta de alimentos “regulares” por los canales comerciales puede significar hasta un 80% más de energía que la que significa la producción y el consumo ecológicos.

  • Se ha acostumbrado al consumidor a tener de todo en cualquier momento y sin conciencia de su procedencia o de su impacto ambiental y social. La existencia de ciertos alimentos fuera de temporada a menudo conlleva las prácticas comerciales citadas y el abuso de los recursos naturales.

  • Los agrocombustibles (a menudo llamados “biocombustibles”) es otro problema añadido para rizar el rizo. No se trata de una solución a los problemas ambientales generados por el transporte: su uso no reduce la contaminación emitida, y además su comercialización conlleva el aumento de tierras de cultivo y la deforestación, el aumento de los precios de los alimentos al equipararlos con los combustibles, y por tanto el aumento del hambre, y el aumento de poder de los lobbys de la energía y los agroindustriales. En realidad la solución pasa por planificar el comercio y el trabajo de forma que se vaya reduciendo el exceso del uso de los transportes.

  • La subordinación de la producción de alimentos al mercado lleva en muchos casos a los grandes monocultivos, que son una de las causas de la deforestación, el empobrecimento del suelo, la devaluación del trabajo por la deslocalización a países que permitan esas grandes extensiones en terreno vírgen, y la introducción de variedades vegetales invasoras.

  • La competitividad y la comercialización en masa también fuerzan a tratar a los animales de granja con menos respeto y cuidado, acortando su vida y aumentando su producción, utilizando fármacos y dietas que no les son naturales, modificando su comportamiento de forma radical, estabulándolos en condiciones desnaturalizadas, etc.

  • Se han roto gran parte de las relaciones vecinales, ambientales y comerciales relacionadas al consumo de alimentos cercanos, haciendo desaparecer una buena parte del saber tradicional de muchos pueblos del mundo.


Conscientes de los problemas que rodean al campo, entendemos que es necesario cambiar la situación, y hacemos algunas propuestas, a quien corresponda, y que queremos trasladar a todas las asambleas del movimiento ciudadano 15m. La mayoría son compartidas por muchas personas, grupos y movimientos (como La Vía Campesina), y otras son propuestas particulares surgidas en la tormenta de ideas.

  • Debemos sustituir la predominancia de las influencias comerciales en la producción de alimentos por el concepto de SOBERANÍA ALIMENTARIA: El poder natural de la ciudadanía a decidir los métodos y resultados de la explotación de la tierra, garantizando alimentos de calidad para todos y permitiendo que la tierra permanezca útil y fértil para las generaciones siguientes.

  • Debemos permitir que la agricultura ecológica gane terreno a la agricultura industrial, y que la distribución en cercanía cubra el espacio que ahora controlan los alimentos distribuidos en grandes distancias.
    Los organismos oficiales deberían optar por los alimentos ecológicos en los comedores públicos (colegios, etc).

  • La producción de alimentos debe ser un sector que genere empleo:

  • Se necesitan políticas agrarias que aumenten el número de productores, para asegurar la autosuficiencia y sostenibilidad alimentaria de las naciones y las comunidades autónomas. Se podría crear un cupo mínimo de productores por número de habitantes o por extensión de un territorio.

  • Para ello, se debe limitar la acción de las deslocalizaciones, las importaciones y las exportaciones de alimentos. Esto reduciría la huella ecológica de nuestros alimentos, y forzaría a aumentar el número de productores de cercanía.

  • Especialmente se debería controlar la exportación basada en las contrataciones que devalúen las condiciones laborales, al operar en países bajo condiciones de trabajo precarias o penosas.

  • Se deben mejorar las condiciones laborales del campesinado, y aflojar las condiciones que el mercado les impone.

  • Se debe potenciar un comercio en cercanía, que genere más puestos de trabajo de productores y pequeños comerciantes, y se eliminen los múltiples intermediarios comerciales del mercado a gran escala o de distancia. Además esto puede reducir el exceso de envases individuales de usar y tirar.

  • Deben cambiar los precios de los alimentos y aumentar los beneficios directos de los productores. Esto se haría por dos caminos: aumentar el poder adquisitivo de los consumidores, y reducir los intermediarios, como hemos dicho. Por lo tanto cambiar las condiciones del campo y la agricultura podría ser una herramienta para cambiar las condiciones del resto de trabajadores.

  • Se debe legislar y limitar la producción de organismos modificados genéticamente, en la consciencia de que no se tiene certeza de que sean seguros para el ser humano ni para el medio ambiente.

  • Se nombró la hipótesis de nacionalizar la producción de alimentos, para convertir la alimentación sana en un derecho ciudadano como la sanidad y la educación públicas, en consonancia con la necesidad de acabar con el hambre y con la especulación alimentaria.


RESUMIENDO

La agricultura, siendo un pilar fundamental de la sociedad y del contacto humano con su medio ambiente, ha sido vapuleada internacionalmente por políticas neoliberales presionadas por lobbys de grandes empresas. El resultado social es el mismo que la deslocalización, la especulación, los monopolios y los EREs en otros sectores laborales. Si queremos cambiar las políticas sociales y económicas, tener bases para una cultura “a escala humana”, creemos que cualquier movimiento reivindicativo, como es el caso del actual 15m, deben contar con cambios en las políticas agrarias y la forma de ver el consumo. Consideramos que las luchas campesinas basadas en los criterios de soberanía alimentaria pueden ser una potente herramienta de transformación social.


Relacionado:

La Vía Campesina

La semilla del futuro. La agricultura explicada a los ciudadanos.
Autor: José Bové y Frnaçois Dufour.
Colección Antrazyt, 226
Editorial Icaria. Barcelona
Año de edición: 2005

miércoles, 8 de junio de 2011

Encuestas on-line oficiales

Hace un tiempo tuve esta idea para el aprovechamiento de las nuevas tecnologías en el desarrollo de una democracia participativa: se trataría de una página web o sección de una en que los ayuntamientos, comunidades autónomas o estados tuviesen su propia sección de publicación de encuestas sobre las decisiones de su gobierno. Los usuarios identíficados por alguna clave de su tarjeta censal o DNI (para evitar duplicidad de usuarios), podrían entrar y dar su opinión sobre las preguntas planteadas. También podrían publicar preguntas y propuestas. De este modo la gente y los gobiernos tendrían un punto de información sobre la opinión que existe sobre muchos temas, aunque sólo fuese sobre la opinión de los usuarios de internet, que dentro de poco quizá sean mayoría.

Más tarde supe que existen páginas con esta idea similar, aunque no son conocidas. Ahora no recuerdo el nombre. La diferencia es que esas páginas surgieron como iniciativa independiente, mientras que yo había pensado en que se propusiera como parte de las páginas oficiales de los ayuntamientos primero. Según en qué ayuntamientos, sería posible. No es justoq ue las páginas de los ayuntamientos suelan ser un punto de información insuficiente (a veces ni siquiera existe alguien que responda al e-mail oficial de información), o que podamos hacer la declaración de la renta o transacciones bancarias por internet, pero no podemos transmitir nuestra opinión de forma efectiva y oficial. En los últimos años han surgido e incluso tenido cierto éxito las páginas de ciberactivismo como las de recogida de firmas, adhesiones o envío de mensajes. Es significativo de esta democracia que no exista algo así por parte de los gobiernos, incluso si se tratase de encuestas sólo de opinión y no vinculantes.

También pensé en su momento que podría ser presentada la idea a concursos o subvenciones sobre cooperación o desarollo de la UE por parte de un equipo que se presentase, lo que podría convencer a algún ayuntamiento para ayudar con el proyecto. Aunque los dirigentes de la UE no estarían por la labor, los despachos inferiores encargados de estos concursos quizá sí.

En cualquier caso, y como todos los ayuntamientos no son iguales, ya que la política municipal es diferente de la estatal, si algún ayuntamiento abierto se prestase a propiciar la iniciativa, o sus vecinos a participar, podría sentar un precedente que otros ayuntamientos copiasen.

Como mis conocimientos de diseño web tienen sus limitaciones, hasta ahora no pude ponerme con esa idea. Insto a la gente que controle de esos temas a que tomen la idea como suya.

jueves, 2 de junio de 2011

Economía multinacional o economía social


Entre las propuestas y críticas que entre todos estamos haciendo al sistema neoliberal que está arruinando a la mayoría, hablamos de fiscalizar o penalizar a las grandes empresas que, teniendo beneficios, despidan plantilla. Pero nuestra crítica y propuesta, si quiere ser de largo recorrido y alcance, quizá deba ir más allá.

Las empresas multinacionales son máquinas de competir. Todas tienen el crecer como objetivo general. Tienen ventaja respecto a las empresas medianas y pequeñas en que funcionan internacionalmente. Eso es lo que les permite competir con materias primas y mano de obra barata, y al mismo tiempo el punto donde nosotros debemos ser críticos. Si los gobiernos facilitan la labor a las multinacionales, ponen en peligro a la iniciativa mediana y pequeña, y propician la creación del monopolio de los empleos y los servicios. Además, están colaborando con entidades que, en muchos casos, obtienen beneficio desde países democráticos con producción desde países donde no suele haber derechos sindicales y abunda el trabajo miserable, o países con regímenes no democráticos o corruptos, o donde las leyes sobre contaminación o control de explotación de ecosistemas no llegan. Todo eso significa que un gobierno desarrollado está a menudo manteniendo una táctica económica basada en 1) la explotación y la injusticia en países lejanos contra sus propios principios y leyes, y 2) el crecimiento de un mercado interno que pone en peligro la iniciativa particular y favorece el monopolio de las grandes fortunas. Fortunas que, por cierto, en muchos casos no descansan tampoco en entidades bancarias del mismo país en el que operan. Ni que decir tiene que en muchos casos el beneficio de estas grandes empresas va a paraísos fiscales, o en prácticas como deslocalizar las declaraciones (Apple hace todas sus facturas en Inglaterra, por lo que no declara ni un duro en España). Además, cuando consumimos en el comercio o la industria local, nuestro dinero permanece en nuestra ciudad, comunidad autónoma o país, en forma de impuestos que los comerciantes pagan, y por tanto revierten en todos nosotros; mientras que, siempre que una multinacional tenga sus arcas centrales en un país distinto a aquél donde comercia sus productos, todos sus beneficios son dinero que tiende a irse del país donde vende.

Pero puede que uno de los efectos más importantes de la presencia política de las multinacionales y su deslocalización sea la devaluación de la mano de obra en los países ricos: es decir, la competitividad de estas grandes empresas nos convierte en incapaces de defender nuestros derechos laborales.

Estos son algunos de los motivos principales por los que mucha gente somos críticos con las multinacionales.

Algunas voces defienden las multinacionales como creadoras de empleo, hasta el 90% según algunos datos. Contra esto el argumento más obvio es el de cuestionarnos por qué entonces lanzan EREs cuando están teniendo beneficios. También podemos considerar que, si el estado no fiscaliza a estas empresas por sus EREs, sus grandes beneficios, y sus prácticas dudosas, es normal que se conviertan en grandes generadoras proporcionales de empleo, puesto que las pequeñas y medianas empresas, o los autónomos que pueden cubrir los mismos servicios, no podrán proliferar como generadoras de empleo en un grado similar. Quizá debamos tener en cuenta también que las multinacionales suelen crear planes de ocupación de mercados que terminan por estandarizar las pautas de la masa de consumidores, o incluso crean las necesidades que luego cubrirán; mientras que la pequeña y mediana empresa suelen basarse en cubrir necesidades que ya existen, lo que significa que, en cuanto a su papel en la economía pueden, pueden convertirse más fácilmente en sostenibles, y por su tamaño también puedan readaptarse más fácilmente a los cambios locales. Al menos, en un escenario ideal, deberían poder cumplir ese papel.

Si queremos crear un sistema económico más justo para la mayoría, y además contribuir a la justicia política internacional, quizá debamos incluir algunas propuestas que restringan el poder de las entidades multinacionales, además de la fiscalización y penalización de EREs, el trabajo precario y el trabajo temporal, como por ejemplo fiscalización y/o penalización en los siguientes casos:

  • Empresas o inversiones que guarden sus fortunas en bancos ajenos al país donde están operando, o que no declaren beneficios en el mismo (como es el caso de Apple con España).

  • Empresas o inversones que guarden sus fortunas en paraísos fiscales.

  • Empresas o inversiones cuyos productos comercializados son producidos en países lejanos cuando pueden ser producidos en el mismo país donde se venden, o que instalen planta en un país y no contraten a la mayoría de sus trabajadores en el mismo.

  • Empresas o inversiones cuya producción tiene lugar en países no democráticos, corruptos, o que no respeten los derechos humanos, y que no tengan leyes sindicales justas (utilizando como baremo las del propio país), o que contraten a personas en condiciones que nuestras leyes no tolerarían.

  • Empresas o inversiones cuya producción cause daños al medio ambiente y los recursos de los países donde opera.


Explicación un poco más detallada: Relación entre desempleo, impuestos regresivos y gobierno de las multinacionales.

Los impuestos progresivos son aquellos que se recaudan más altos cuanto mayor es la renta; los regresivos, los que son más altos en relación a las rentas bajas. Podríamos decir que los progresivos tienen como sentido el reparto de la riqueza y la reducción del riesgo de pobreza. Los regresivos en cambio parecen basarse -o aproximarse- en la idea de que, a mayor comodidad de las grandes rentas, más inversión harán éstas y más empleo y más riqueza generarán. Ésta última es una idea neoliberal que, sin embargo, sabemos que no siempre se cumple. El rescate financiero que no ha mejorado la disposición de créditos y el ERE de Telefónica en su año de récord de beneficios son dos pruebas. Durante estos dos años de “crisis financiera” el número de millonarios aumentó en el mundo, lo mismo que el número de parados. Es decir, los cálculos y propuestas neoliberales son engañosos y acaban en desigualdad social.

Una de las consecuencias de que existan ingentes cantidades de dinero en pocas manos es, dentro del esquema de democracia en que vivimos, el que la misma sea fácilmente manipulada. Las grandes fortunas se reúnen con los gobiernos y les dan consejos más fácilmente y menudo que los votantes de a pie. Y como la democracia representativa permite que los gobernantes pasen 4 años alejados de sus electores, los políticos en general se han hecho más amigos de las grandes fortunas que de la población media. Y así, entre otras cosas, es como las políticas neoliberales son las que terminan imperando. (También está el tema de que organismos como el FMI, que dictan las políticas económicas, no son organismos democráticos).

Entre las propuestas que la gente, en el movimiento 15m, estamos haciendo, está la de fiscalizar más a las rentas más altas, es decir impuestos progresivos. Muchas de las grandes fortunas fiscalizan cerca de un 19%, mientras que las rentas más bajas (los que viven únicamente de su sueldo mensual por debajo de los 3000 euros) fiscalizan más del 40%. Algunas de las más grandes actuaciones de inversión no llegán a fiscalizar un 1%. Ante la idea de los impuestos progresivos, las opiniones más cercanas a lo neoliberal se echan las manos a la cabeza, pues significa incomodar a las grandes fortunas y “espantar” la inversión, y por lo tanto, poner en peligro el empleo y la economía. Argumentan que, por ejemplo, las multinacionales generan la mayor parte del empleo.

Ese argumento presenta, por lo pronto, dos (o más) problemas: Uno es que las multinacionales generan la mayor parte del empleo gracias a que los gobiernos han hecho políticas económicas que las favorecían, y que desfavorecían a las pequeñas inversiones y los trabajadores autónomos. Es decir, que las multinacionales controlen la creación de empleo y la generación de beneficios es consecuencia, entre otras causas, de impuestos regresivos.
El otro problema del argumento neoliberal es que presupone que el empleo desde las multinacionales es el único modelo social que podemos tener. Los servicios y necesidades que cubren las multinacionales pueden ser en la mayoría de los casos cubiertos por pequeñas empresas y autónomos. Las políticas neoliberales han ido generando un modelo económico donde las multinacionales han ocupado casi todos los nichos de la producción y el mercado. Pero las pequeñas empresas también pueden generar empleo, e incluso los autónomos. Pero no pueden si tienen que competir con las ventajas fiscales de que gozan las grandes empresas.

Muchos neoliberales a veces argumentan que el éxito en los negocios es una cuestión de dedicación y buenas ideas. Puede que sea cierto, pero hay que reconocer que, mientras que la economía es una competición (y esto también tendríamos que cambiarlo), las multinacionales siempre parten con ventaja. Además de las ventajas fiscales, las multinacionales pueden recurrir a la deslocalización para reducir costes de producción: contratar la producción en países baratos y luego ocupar el mercado en países caros. Eso ha hecho que se cierren plantas que eran rentables, despidiendo a la plantilla, para abrirlas en países más baratos. En muchos casos se trata de países que no tienen las mismas leyes sindicales -o carecen de ellas- que el país de destino de los productos. Contra eso, una empresa de ámbito local o nacional no puede competir, si tiene a todos sus empleados en el mismo territorio. En los últimos años, cada vez más pequeñas empresas tienen parte de su producción o materiales contratados o relacionados en otros países (por ejemplo camisetas o copias de una producción musical) porque sale más barato. Como hemos visto, que una gran empresa reduzca costes, obtenga mayores beneficios y crezca, no garantiza que genere empleo estable, ni que no lo destruya. Estas desventajas también impiden a menudo que las pequeñas empresas utilicen sistemas más ecológicos, si resultan más caros que los que les permitan “competir”. La deslocalización para abaratar costes a paises con derechos laborales miserables, a medio y largo plazo, conlleva devaluación de los derechos sindicales en los países donde ya están asentados.

Además las multinacionales suelen potenciar o crear nichos de mercado que luego ellas mismas ocupan y estandarizan. El objetivo no es exclusivamente mejorar la calidad de vida del consumidor, sino crecer más y obtener más beneficios. Esto significa más poder económico para la empresa, que, como decíamos y sabemos, se convierte en poder político, que se traduce por ventajas para las grandes fortunas, lo que genera más beneficio para las grandes empresas, y sigue y sigue en un círculo vicioso. Y este círculo vicioso nos lo hemos de cuestionar, porque, aunque aumentan los beneficios, disminuye el empleo y la calidad de vida de los trabajadores. Del mismo modo que, aunque aumenta la producción de alimentos y los beneficios de las multinacionales de la alimentación, aumenta el número de hambrientos en el mundo. El crecimiento de las más grandes empresas no tiene nada que ver con la mejora de las condiciones sociales.

Si implantásemos una economía de impuestos progresivos, puede que eso “espantase” a la inversión de los grandes capitales, pero animaría la de los pequeños. Las pequeñas empresas y los autónomos proliferarían y tendrían cancha para invertir, mejorar, generar cada vez mejores servicios y crear empleos. Además, cuanto más pequeña es una empresa, más posibilidades hay de que esté adaptada a las necesidades y cultura locales, frente al mecanismo de las grandes de estandarizar los mercados a gran escala. Si las pequeñas empresas estuviesen en proporcionalidad de condiciones frente a las más grandes, también tendrían más posibilidad de adaptarse ecológicamente al lugar donde operan (si también fiscalizamos la contaminación y la destrucción del medio ambiente).

Otro agente de destrucción de participación política popular son los horarios laborales: igual que el dinero es poder, no se puede atender a la política si no se tiene tiempo. Eso lo comentaré en otro post.