jueves, 9 de junio de 2011

La cuestión agraria y alimentaria sugerida al 15m


Si Asturias no es un paraíso fiscal, no hay por qué comer manzanas suizas.
La agricultura también ha sido invadida por el neoliberalismo. Estamos reclamando soberanía política y económica, pero sin soberanía alimentaria estaremos en las mismas.

Recientemente, en un foro acerca de la soberanía alimentaria, subtitulado “¿Cuál es el futuro de la producción y el consumo de alimentos?”, los asistentes decidimos que debíamos hacer llegar las preocupaciones agrarias y alimentarias al movimiento 15m, hasta ahora sobre todo urbano, por las implicaciones sociales, económicas, políticas y ecológicas que incluyen los problemas que rodean a la agricultura en todo el mundo, y en especial en nuestro país.

Entendemos la agricultura como uno de los motores principales, sino el más importante, entre las bases que sostienen la sociedad humana, y que por lo tanto debe ser protegida por la sociedad de las políticas mercantiles neoliberales que la han transformado en los últimos años. Lo que debe ser un trabajo al servicio de toda la sociedad sin distinciones, relacionado directamente al Derecho a la Vida, y que, por ser una actividad ligada directamente a la Tierra, debe ser testigo y guardiana de la preservación de los recursos naturales, ha sido puesta por los gobiernos en manos de grandes lobbys de empresas cuyo objetivo es el crecimiento, el lucro y el control de los recursos y los mercados.

Identificamos los problemas que atañen al campo, la producción de alimentos y su consumo:

-La Política Agraria Comunitaria de la UE (PAC) lleva muchos años convirtiendo el universal y trascendental hecho de producir alimentos en otra rama más del comercio sujeta a los vaivenes de la especulación:

  • Desde la implantación de la PAC el número de productores en tierras europeas se ha reducido drásticamente.

  • Gran parte de los productores que existen sobreviven gracias a las subvenciones europeas, pues en muchos casos no pueden decidir el precio de lo que producen, que incluso llega a ser inferior a lo invertido. De no ser por las subvenciones, su trabajo sería inviable.

  • Las condiciones que la PAC impone a los campesinos son cada vez más exigentes: el tamaño de las explotaciones, la extensión de tierra o la cifra de cabezas de ganado exigidos son cada vez mayores. Se sigue una dinámica de productividad basada en el aumento de cantidad por puesto de trabajo.

  • Entre las exigencias, a menudo está la utilización de agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, combustibles), variedades de semillas, y otros productos que, al tiempo que ponen al límite las capacidades de la tierra, enriquecen a unas cuantas empresas.


-El campo también ha sufrido las tácticas del mercado neoliberal de la deslocalización, la privatización, la especulación, la contaminación y el consumo sin consciencia:

  • Mientras en los países tecnológicamente avanzados se reduce el número de productores y se les aumentan las exigencias de producción, la producción de alimentos de las grandes cadenas se deslocaliza a países con materia prima, impuestos o mano de obra más barata y menos protegida. Incluso algunas denominaciones de origen españolas han dejado de producirse en suelo español.

  • El FMI ha impuesto a países pobres la obligación de permitir la importación de alimentos de países ricos subvencionados vendidos a precio inferior al de producción (dumping), mientras que les impedía subvencionar a sus propios agricultores. La consecuencia de esto es la ruina de la producción propia, la miseria, la dependencia de préstamos internacionales, y el enriquecimiento de las empresas exportadoras de los países poderosos.

  • Muchas producciones comerciales de alimentos en suelo europeo son trabajadas por mano de obra precaria en condiciones miserables, en muchos casos inmigrantes con sueldos miserables o sin papeles.

  • La alimentación humana es otra víctima de la especulación financiera.Las cosechas se venden en bolsa. Incluso se subastan los beneficios de las cosechas de años futuros. Esto pone en peligro el control de las producciones, que pueden verse influidas por las decisiones de los accionistas.

  • Gran parte de la producción mundial de alimentos acaba en la basura para mantener el mercado en su forma habitual.
    La PAC limita la cantidad de leche que los ganaderos tienen permitido producir, para mantener la balanza de precios. Es decir, se les exige productividad, y luego se les sanciona por llevarla a cabo. Es la paradoja contranatura de prohibir producir alimentos.

  • La búsqueda de la implantación de los alimentos transgénicos no es otra cosa que el intento de las multinacionales para tomar el control sobre el derecho de la sociedad a manejar el futuro de sus alimentos. Con el argumento de “mejores alimentos” para “solucionar el hambre” o reducir el precio de los alimentos, se intentan poner en marcha sobre la población experimentos con plantas modificadas cuyos efectos en las personas y el medio ambiente aún se desconocen, y en muchos casos ni siquiera han pasado los controles pertinentes. Desde que entendemos que existen alimentos y recursos suficientes para alimentar a toda la población humana, el problema del hambre no es la falta de alimentos o de especies de los mismos, sino el sistema económico cuyo reparto es injusto y controlado por minorías que buscan el lucro de sus grupos.

  • Además, las empresas que crean organismos modificados presionan a la UE y a EEUU para la creación de leyes de patentes y “derechos de autor” sobre los organismos, destruyendo la soberanía natural de la sociedad para compartir el fruto natural de lo que da la tierra. Esta problemática incluye los casos de las “semillas suicidas” y la biopiratería o intento de las empresas de apropiarse de variedades populares ya existentes.

  • El problema de propiedad y uso de la tierra impide el lógico desarrollo de la agricultura. Grandes extensiones de terreno son utilizadas para la especulación o convertidas en suelo industrial, mientras la producción agraria se deslocaliza y es controlada por grandes empresas.

  • Algunas subvenciones son absorbidas por las extensiones de tierra pertenecientes a grandes fortunas. Dichas subvenciones son otorgadas, por ejemplo, por la suma de metros cuadrados de la finca y no por la cantidad de toneladas de alimentos puestos en circulación. No se sabe con exactitud si todo el terreno es sembrado o si los alimentos producidos son comercializados o en qué condiciones. En España, la mayor suma de subvenciones recibidas por agricultura han sido para la Casa de Alba.

  • En los países tecnológicamente avanzados las pautas de comercialización de alimentos han dado prioridad a las grandes empresas (supermercados y grandes superficies). Esto ha hecho desaparecer paulatinamente a casi todo el pequeño comercio, potenciando los oligopolios, y ha sentado pautas de competitividad por encima de la transparencia.
    Además, el sistema de distribución de alimentos está repleto de intermediarios, que inflan y deciden los precios de los alimentos producidos, sin que el productor original pueda decidir o disfrutar de esos beneficios.

  • A pesar del aumento de controles, la calidad de los alimentos ha disminuido. Se han sustituido las propiedades nutritivas de plantas sanas y su sabor, por plantas cultivadas con métodos que fuerzan su metabolismo y producen alimentos de mejor aspecto comercial, pero de menor valor alimenticio y de escaso sabor. Muchas veces el consumidor no sabe exactamente qué esta comiendo (y en el caso de los transgénicos, no existe regulación de etiquetado suficiente).

  • Es paradójico que a la agricultura ecológica se le exijan más controles y certificados que a la comercialización de alimentos “regulares”. Parece que al consumidor medio se le haya acostumbrado a preferir alimentos de peor calidad, al mismo tiempo que a gastar mucho dinero en consumir más productos de marca o de lujo.

  • Junto a la deslocalización y la competitividad, se generan problemas de exceso de consumo de energía y emisión de contaminantes: el envío de alimentos de un lado a otro del mundo, o de un lado a otro de Europa, o de una esquina a otra de un país antes de llegar al consumidor, puede llegar a límites absurdos. La venta de alimentos “regulares” por los canales comerciales puede significar hasta un 80% más de energía que la que significa la producción y el consumo ecológicos.

  • Se ha acostumbrado al consumidor a tener de todo en cualquier momento y sin conciencia de su procedencia o de su impacto ambiental y social. La existencia de ciertos alimentos fuera de temporada a menudo conlleva las prácticas comerciales citadas y el abuso de los recursos naturales.

  • Los agrocombustibles (a menudo llamados “biocombustibles”) es otro problema añadido para rizar el rizo. No se trata de una solución a los problemas ambientales generados por el transporte: su uso no reduce la contaminación emitida, y además su comercialización conlleva el aumento de tierras de cultivo y la deforestación, el aumento de los precios de los alimentos al equipararlos con los combustibles, y por tanto el aumento del hambre, y el aumento de poder de los lobbys de la energía y los agroindustriales. En realidad la solución pasa por planificar el comercio y el trabajo de forma que se vaya reduciendo el exceso del uso de los transportes.

  • La subordinación de la producción de alimentos al mercado lleva en muchos casos a los grandes monocultivos, que son una de las causas de la deforestación, el empobrecimento del suelo, la devaluación del trabajo por la deslocalización a países que permitan esas grandes extensiones en terreno vírgen, y la introducción de variedades vegetales invasoras.

  • La competitividad y la comercialización en masa también fuerzan a tratar a los animales de granja con menos respeto y cuidado, acortando su vida y aumentando su producción, utilizando fármacos y dietas que no les son naturales, modificando su comportamiento de forma radical, estabulándolos en condiciones desnaturalizadas, etc.

  • Se han roto gran parte de las relaciones vecinales, ambientales y comerciales relacionadas al consumo de alimentos cercanos, haciendo desaparecer una buena parte del saber tradicional de muchos pueblos del mundo.


Conscientes de los problemas que rodean al campo, entendemos que es necesario cambiar la situación, y hacemos algunas propuestas, a quien corresponda, y que queremos trasladar a todas las asambleas del movimiento ciudadano 15m. La mayoría son compartidas por muchas personas, grupos y movimientos (como La Vía Campesina), y otras son propuestas particulares surgidas en la tormenta de ideas.

  • Debemos sustituir la predominancia de las influencias comerciales en la producción de alimentos por el concepto de SOBERANÍA ALIMENTARIA: El poder natural de la ciudadanía a decidir los métodos y resultados de la explotación de la tierra, garantizando alimentos de calidad para todos y permitiendo que la tierra permanezca útil y fértil para las generaciones siguientes.

  • Debemos permitir que la agricultura ecológica gane terreno a la agricultura industrial, y que la distribución en cercanía cubra el espacio que ahora controlan los alimentos distribuidos en grandes distancias.
    Los organismos oficiales deberían optar por los alimentos ecológicos en los comedores públicos (colegios, etc).

  • La producción de alimentos debe ser un sector que genere empleo:

  • Se necesitan políticas agrarias que aumenten el número de productores, para asegurar la autosuficiencia y sostenibilidad alimentaria de las naciones y las comunidades autónomas. Se podría crear un cupo mínimo de productores por número de habitantes o por extensión de un territorio.

  • Para ello, se debe limitar la acción de las deslocalizaciones, las importaciones y las exportaciones de alimentos. Esto reduciría la huella ecológica de nuestros alimentos, y forzaría a aumentar el número de productores de cercanía.

  • Especialmente se debería controlar la exportación basada en las contrataciones que devalúen las condiciones laborales, al operar en países bajo condiciones de trabajo precarias o penosas.

  • Se deben mejorar las condiciones laborales del campesinado, y aflojar las condiciones que el mercado les impone.

  • Se debe potenciar un comercio en cercanía, que genere más puestos de trabajo de productores y pequeños comerciantes, y se eliminen los múltiples intermediarios comerciales del mercado a gran escala o de distancia. Además esto puede reducir el exceso de envases individuales de usar y tirar.

  • Deben cambiar los precios de los alimentos y aumentar los beneficios directos de los productores. Esto se haría por dos caminos: aumentar el poder adquisitivo de los consumidores, y reducir los intermediarios, como hemos dicho. Por lo tanto cambiar las condiciones del campo y la agricultura podría ser una herramienta para cambiar las condiciones del resto de trabajadores.

  • Se debe legislar y limitar la producción de organismos modificados genéticamente, en la consciencia de que no se tiene certeza de que sean seguros para el ser humano ni para el medio ambiente.

  • Se nombró la hipótesis de nacionalizar la producción de alimentos, para convertir la alimentación sana en un derecho ciudadano como la sanidad y la educación públicas, en consonancia con la necesidad de acabar con el hambre y con la especulación alimentaria.


RESUMIENDO

La agricultura, siendo un pilar fundamental de la sociedad y del contacto humano con su medio ambiente, ha sido vapuleada internacionalmente por políticas neoliberales presionadas por lobbys de grandes empresas. El resultado social es el mismo que la deslocalización, la especulación, los monopolios y los EREs en otros sectores laborales. Si queremos cambiar las políticas sociales y económicas, tener bases para una cultura “a escala humana”, creemos que cualquier movimiento reivindicativo, como es el caso del actual 15m, deben contar con cambios en las políticas agrarias y la forma de ver el consumo. Consideramos que las luchas campesinas basadas en los criterios de soberanía alimentaria pueden ser una potente herramienta de transformación social.


Relacionado:

La Vía Campesina

La semilla del futuro. La agricultura explicada a los ciudadanos.
Autor: José Bové y Frnaçois Dufour.
Colección Antrazyt, 226
Editorial Icaria. Barcelona
Año de edición: 2005

miércoles, 8 de junio de 2011

Encuestas on-line oficiales

Hace un tiempo tuve esta idea para el aprovechamiento de las nuevas tecnologías en el desarrollo de una democracia participativa: se trataría de una página web o sección de una en que los ayuntamientos, comunidades autónomas o estados tuviesen su propia sección de publicación de encuestas sobre las decisiones de su gobierno. Los usuarios identíficados por alguna clave de su tarjeta censal o DNI (para evitar duplicidad de usuarios), podrían entrar y dar su opinión sobre las preguntas planteadas. También podrían publicar preguntas y propuestas. De este modo la gente y los gobiernos tendrían un punto de información sobre la opinión que existe sobre muchos temas, aunque sólo fuese sobre la opinión de los usuarios de internet, que dentro de poco quizá sean mayoría.

Más tarde supe que existen páginas con esta idea similar, aunque no son conocidas. Ahora no recuerdo el nombre. La diferencia es que esas páginas surgieron como iniciativa independiente, mientras que yo había pensado en que se propusiera como parte de las páginas oficiales de los ayuntamientos primero. Según en qué ayuntamientos, sería posible. No es justoq ue las páginas de los ayuntamientos suelan ser un punto de información insuficiente (a veces ni siquiera existe alguien que responda al e-mail oficial de información), o que podamos hacer la declaración de la renta o transacciones bancarias por internet, pero no podemos transmitir nuestra opinión de forma efectiva y oficial. En los últimos años han surgido e incluso tenido cierto éxito las páginas de ciberactivismo como las de recogida de firmas, adhesiones o envío de mensajes. Es significativo de esta democracia que no exista algo así por parte de los gobiernos, incluso si se tratase de encuestas sólo de opinión y no vinculantes.

También pensé en su momento que podría ser presentada la idea a concursos o subvenciones sobre cooperación o desarollo de la UE por parte de un equipo que se presentase, lo que podría convencer a algún ayuntamiento para ayudar con el proyecto. Aunque los dirigentes de la UE no estarían por la labor, los despachos inferiores encargados de estos concursos quizá sí.

En cualquier caso, y como todos los ayuntamientos no son iguales, ya que la política municipal es diferente de la estatal, si algún ayuntamiento abierto se prestase a propiciar la iniciativa, o sus vecinos a participar, podría sentar un precedente que otros ayuntamientos copiasen.

Como mis conocimientos de diseño web tienen sus limitaciones, hasta ahora no pude ponerme con esa idea. Insto a la gente que controle de esos temas a que tomen la idea como suya.

jueves, 2 de junio de 2011

Economía multinacional o economía social


Entre las propuestas y críticas que entre todos estamos haciendo al sistema neoliberal que está arruinando a la mayoría, hablamos de fiscalizar o penalizar a las grandes empresas que, teniendo beneficios, despidan plantilla. Pero nuestra crítica y propuesta, si quiere ser de largo recorrido y alcance, quizá deba ir más allá.

Las empresas multinacionales son máquinas de competir. Todas tienen el crecer como objetivo general. Tienen ventaja respecto a las empresas medianas y pequeñas en que funcionan internacionalmente. Eso es lo que les permite competir con materias primas y mano de obra barata, y al mismo tiempo el punto donde nosotros debemos ser críticos. Si los gobiernos facilitan la labor a las multinacionales, ponen en peligro a la iniciativa mediana y pequeña, y propician la creación del monopolio de los empleos y los servicios. Además, están colaborando con entidades que, en muchos casos, obtienen beneficio desde países democráticos con producción desde países donde no suele haber derechos sindicales y abunda el trabajo miserable, o países con regímenes no democráticos o corruptos, o donde las leyes sobre contaminación o control de explotación de ecosistemas no llegan. Todo eso significa que un gobierno desarrollado está a menudo manteniendo una táctica económica basada en 1) la explotación y la injusticia en países lejanos contra sus propios principios y leyes, y 2) el crecimiento de un mercado interno que pone en peligro la iniciativa particular y favorece el monopolio de las grandes fortunas. Fortunas que, por cierto, en muchos casos no descansan tampoco en entidades bancarias del mismo país en el que operan. Ni que decir tiene que en muchos casos el beneficio de estas grandes empresas va a paraísos fiscales, o en prácticas como deslocalizar las declaraciones (Apple hace todas sus facturas en Inglaterra, por lo que no declara ni un duro en España). Además, cuando consumimos en el comercio o la industria local, nuestro dinero permanece en nuestra ciudad, comunidad autónoma o país, en forma de impuestos que los comerciantes pagan, y por tanto revierten en todos nosotros; mientras que, siempre que una multinacional tenga sus arcas centrales en un país distinto a aquél donde comercia sus productos, todos sus beneficios son dinero que tiende a irse del país donde vende.

Pero puede que uno de los efectos más importantes de la presencia política de las multinacionales y su deslocalización sea la devaluación de la mano de obra en los países ricos: es decir, la competitividad de estas grandes empresas nos convierte en incapaces de defender nuestros derechos laborales.

Estos son algunos de los motivos principales por los que mucha gente somos críticos con las multinacionales.

Algunas voces defienden las multinacionales como creadoras de empleo, hasta el 90% según algunos datos. Contra esto el argumento más obvio es el de cuestionarnos por qué entonces lanzan EREs cuando están teniendo beneficios. También podemos considerar que, si el estado no fiscaliza a estas empresas por sus EREs, sus grandes beneficios, y sus prácticas dudosas, es normal que se conviertan en grandes generadoras proporcionales de empleo, puesto que las pequeñas y medianas empresas, o los autónomos que pueden cubrir los mismos servicios, no podrán proliferar como generadoras de empleo en un grado similar. Quizá debamos tener en cuenta también que las multinacionales suelen crear planes de ocupación de mercados que terminan por estandarizar las pautas de la masa de consumidores, o incluso crean las necesidades que luego cubrirán; mientras que la pequeña y mediana empresa suelen basarse en cubrir necesidades que ya existen, lo que significa que, en cuanto a su papel en la economía pueden, pueden convertirse más fácilmente en sostenibles, y por su tamaño también puedan readaptarse más fácilmente a los cambios locales. Al menos, en un escenario ideal, deberían poder cumplir ese papel.

Si queremos crear un sistema económico más justo para la mayoría, y además contribuir a la justicia política internacional, quizá debamos incluir algunas propuestas que restringan el poder de las entidades multinacionales, además de la fiscalización y penalización de EREs, el trabajo precario y el trabajo temporal, como por ejemplo fiscalización y/o penalización en los siguientes casos:

  • Empresas o inversiones que guarden sus fortunas en bancos ajenos al país donde están operando, o que no declaren beneficios en el mismo (como es el caso de Apple con España).

  • Empresas o inversones que guarden sus fortunas en paraísos fiscales.

  • Empresas o inversiones cuyos productos comercializados son producidos en países lejanos cuando pueden ser producidos en el mismo país donde se venden, o que instalen planta en un país y no contraten a la mayoría de sus trabajadores en el mismo.

  • Empresas o inversiones cuya producción tiene lugar en países no democráticos, corruptos, o que no respeten los derechos humanos, y que no tengan leyes sindicales justas (utilizando como baremo las del propio país), o que contraten a personas en condiciones que nuestras leyes no tolerarían.

  • Empresas o inversiones cuya producción cause daños al medio ambiente y los recursos de los países donde opera.


Explicación un poco más detallada: Relación entre desempleo, impuestos regresivos y gobierno de las multinacionales.

Los impuestos progresivos son aquellos que se recaudan más altos cuanto mayor es la renta; los regresivos, los que son más altos en relación a las rentas bajas. Podríamos decir que los progresivos tienen como sentido el reparto de la riqueza y la reducción del riesgo de pobreza. Los regresivos en cambio parecen basarse -o aproximarse- en la idea de que, a mayor comodidad de las grandes rentas, más inversión harán éstas y más empleo y más riqueza generarán. Ésta última es una idea neoliberal que, sin embargo, sabemos que no siempre se cumple. El rescate financiero que no ha mejorado la disposición de créditos y el ERE de Telefónica en su año de récord de beneficios son dos pruebas. Durante estos dos años de “crisis financiera” el número de millonarios aumentó en el mundo, lo mismo que el número de parados. Es decir, los cálculos y propuestas neoliberales son engañosos y acaban en desigualdad social.

Una de las consecuencias de que existan ingentes cantidades de dinero en pocas manos es, dentro del esquema de democracia en que vivimos, el que la misma sea fácilmente manipulada. Las grandes fortunas se reúnen con los gobiernos y les dan consejos más fácilmente y menudo que los votantes de a pie. Y como la democracia representativa permite que los gobernantes pasen 4 años alejados de sus electores, los políticos en general se han hecho más amigos de las grandes fortunas que de la población media. Y así, entre otras cosas, es como las políticas neoliberales son las que terminan imperando. (También está el tema de que organismos como el FMI, que dictan las políticas económicas, no son organismos democráticos).

Entre las propuestas que la gente, en el movimiento 15m, estamos haciendo, está la de fiscalizar más a las rentas más altas, es decir impuestos progresivos. Muchas de las grandes fortunas fiscalizan cerca de un 19%, mientras que las rentas más bajas (los que viven únicamente de su sueldo mensual por debajo de los 3000 euros) fiscalizan más del 40%. Algunas de las más grandes actuaciones de inversión no llegán a fiscalizar un 1%. Ante la idea de los impuestos progresivos, las opiniones más cercanas a lo neoliberal se echan las manos a la cabeza, pues significa incomodar a las grandes fortunas y “espantar” la inversión, y por lo tanto, poner en peligro el empleo y la economía. Argumentan que, por ejemplo, las multinacionales generan la mayor parte del empleo.

Ese argumento presenta, por lo pronto, dos (o más) problemas: Uno es que las multinacionales generan la mayor parte del empleo gracias a que los gobiernos han hecho políticas económicas que las favorecían, y que desfavorecían a las pequeñas inversiones y los trabajadores autónomos. Es decir, que las multinacionales controlen la creación de empleo y la generación de beneficios es consecuencia, entre otras causas, de impuestos regresivos.
El otro problema del argumento neoliberal es que presupone que el empleo desde las multinacionales es el único modelo social que podemos tener. Los servicios y necesidades que cubren las multinacionales pueden ser en la mayoría de los casos cubiertos por pequeñas empresas y autónomos. Las políticas neoliberales han ido generando un modelo económico donde las multinacionales han ocupado casi todos los nichos de la producción y el mercado. Pero las pequeñas empresas también pueden generar empleo, e incluso los autónomos. Pero no pueden si tienen que competir con las ventajas fiscales de que gozan las grandes empresas.

Muchos neoliberales a veces argumentan que el éxito en los negocios es una cuestión de dedicación y buenas ideas. Puede que sea cierto, pero hay que reconocer que, mientras que la economía es una competición (y esto también tendríamos que cambiarlo), las multinacionales siempre parten con ventaja. Además de las ventajas fiscales, las multinacionales pueden recurrir a la deslocalización para reducir costes de producción: contratar la producción en países baratos y luego ocupar el mercado en países caros. Eso ha hecho que se cierren plantas que eran rentables, despidiendo a la plantilla, para abrirlas en países más baratos. En muchos casos se trata de países que no tienen las mismas leyes sindicales -o carecen de ellas- que el país de destino de los productos. Contra eso, una empresa de ámbito local o nacional no puede competir, si tiene a todos sus empleados en el mismo territorio. En los últimos años, cada vez más pequeñas empresas tienen parte de su producción o materiales contratados o relacionados en otros países (por ejemplo camisetas o copias de una producción musical) porque sale más barato. Como hemos visto, que una gran empresa reduzca costes, obtenga mayores beneficios y crezca, no garantiza que genere empleo estable, ni que no lo destruya. Estas desventajas también impiden a menudo que las pequeñas empresas utilicen sistemas más ecológicos, si resultan más caros que los que les permitan “competir”. La deslocalización para abaratar costes a paises con derechos laborales miserables, a medio y largo plazo, conlleva devaluación de los derechos sindicales en los países donde ya están asentados.

Además las multinacionales suelen potenciar o crear nichos de mercado que luego ellas mismas ocupan y estandarizan. El objetivo no es exclusivamente mejorar la calidad de vida del consumidor, sino crecer más y obtener más beneficios. Esto significa más poder económico para la empresa, que, como decíamos y sabemos, se convierte en poder político, que se traduce por ventajas para las grandes fortunas, lo que genera más beneficio para las grandes empresas, y sigue y sigue en un círculo vicioso. Y este círculo vicioso nos lo hemos de cuestionar, porque, aunque aumentan los beneficios, disminuye el empleo y la calidad de vida de los trabajadores. Del mismo modo que, aunque aumenta la producción de alimentos y los beneficios de las multinacionales de la alimentación, aumenta el número de hambrientos en el mundo. El crecimiento de las más grandes empresas no tiene nada que ver con la mejora de las condiciones sociales.

Si implantásemos una economía de impuestos progresivos, puede que eso “espantase” a la inversión de los grandes capitales, pero animaría la de los pequeños. Las pequeñas empresas y los autónomos proliferarían y tendrían cancha para invertir, mejorar, generar cada vez mejores servicios y crear empleos. Además, cuanto más pequeña es una empresa, más posibilidades hay de que esté adaptada a las necesidades y cultura locales, frente al mecanismo de las grandes de estandarizar los mercados a gran escala. Si las pequeñas empresas estuviesen en proporcionalidad de condiciones frente a las más grandes, también tendrían más posibilidad de adaptarse ecológicamente al lugar donde operan (si también fiscalizamos la contaminación y la destrucción del medio ambiente).

Otro agente de destrucción de participación política popular son los horarios laborales: igual que el dinero es poder, no se puede atender a la política si no se tiene tiempo. Eso lo comentaré en otro post.