jueves, 2 de junio de 2011

Economía multinacional o economía social


Entre las propuestas y críticas que entre todos estamos haciendo al sistema neoliberal que está arruinando a la mayoría, hablamos de fiscalizar o penalizar a las grandes empresas que, teniendo beneficios, despidan plantilla. Pero nuestra crítica y propuesta, si quiere ser de largo recorrido y alcance, quizá deba ir más allá.

Las empresas multinacionales son máquinas de competir. Todas tienen el crecer como objetivo general. Tienen ventaja respecto a las empresas medianas y pequeñas en que funcionan internacionalmente. Eso es lo que les permite competir con materias primas y mano de obra barata, y al mismo tiempo el punto donde nosotros debemos ser críticos. Si los gobiernos facilitan la labor a las multinacionales, ponen en peligro a la iniciativa mediana y pequeña, y propician la creación del monopolio de los empleos y los servicios. Además, están colaborando con entidades que, en muchos casos, obtienen beneficio desde países democráticos con producción desde países donde no suele haber derechos sindicales y abunda el trabajo miserable, o países con regímenes no democráticos o corruptos, o donde las leyes sobre contaminación o control de explotación de ecosistemas no llegan. Todo eso significa que un gobierno desarrollado está a menudo manteniendo una táctica económica basada en 1) la explotación y la injusticia en países lejanos contra sus propios principios y leyes, y 2) el crecimiento de un mercado interno que pone en peligro la iniciativa particular y favorece el monopolio de las grandes fortunas. Fortunas que, por cierto, en muchos casos no descansan tampoco en entidades bancarias del mismo país en el que operan. Ni que decir tiene que en muchos casos el beneficio de estas grandes empresas va a paraísos fiscales, o en prácticas como deslocalizar las declaraciones (Apple hace todas sus facturas en Inglaterra, por lo que no declara ni un duro en España). Además, cuando consumimos en el comercio o la industria local, nuestro dinero permanece en nuestra ciudad, comunidad autónoma o país, en forma de impuestos que los comerciantes pagan, y por tanto revierten en todos nosotros; mientras que, siempre que una multinacional tenga sus arcas centrales en un país distinto a aquél donde comercia sus productos, todos sus beneficios son dinero que tiende a irse del país donde vende.

Pero puede que uno de los efectos más importantes de la presencia política de las multinacionales y su deslocalización sea la devaluación de la mano de obra en los países ricos: es decir, la competitividad de estas grandes empresas nos convierte en incapaces de defender nuestros derechos laborales.

Estos son algunos de los motivos principales por los que mucha gente somos críticos con las multinacionales.

Algunas voces defienden las multinacionales como creadoras de empleo, hasta el 90% según algunos datos. Contra esto el argumento más obvio es el de cuestionarnos por qué entonces lanzan EREs cuando están teniendo beneficios. También podemos considerar que, si el estado no fiscaliza a estas empresas por sus EREs, sus grandes beneficios, y sus prácticas dudosas, es normal que se conviertan en grandes generadoras proporcionales de empleo, puesto que las pequeñas y medianas empresas, o los autónomos que pueden cubrir los mismos servicios, no podrán proliferar como generadoras de empleo en un grado similar. Quizá debamos tener en cuenta también que las multinacionales suelen crear planes de ocupación de mercados que terminan por estandarizar las pautas de la masa de consumidores, o incluso crean las necesidades que luego cubrirán; mientras que la pequeña y mediana empresa suelen basarse en cubrir necesidades que ya existen, lo que significa que, en cuanto a su papel en la economía pueden, pueden convertirse más fácilmente en sostenibles, y por su tamaño también puedan readaptarse más fácilmente a los cambios locales. Al menos, en un escenario ideal, deberían poder cumplir ese papel.

Si queremos crear un sistema económico más justo para la mayoría, y además contribuir a la justicia política internacional, quizá debamos incluir algunas propuestas que restringan el poder de las entidades multinacionales, además de la fiscalización y penalización de EREs, el trabajo precario y el trabajo temporal, como por ejemplo fiscalización y/o penalización en los siguientes casos:

  • Empresas o inversiones que guarden sus fortunas en bancos ajenos al país donde están operando, o que no declaren beneficios en el mismo (como es el caso de Apple con España).

  • Empresas o inversones que guarden sus fortunas en paraísos fiscales.

  • Empresas o inversiones cuyos productos comercializados son producidos en países lejanos cuando pueden ser producidos en el mismo país donde se venden, o que instalen planta en un país y no contraten a la mayoría de sus trabajadores en el mismo.

  • Empresas o inversiones cuya producción tiene lugar en países no democráticos, corruptos, o que no respeten los derechos humanos, y que no tengan leyes sindicales justas (utilizando como baremo las del propio país), o que contraten a personas en condiciones que nuestras leyes no tolerarían.

  • Empresas o inversiones cuya producción cause daños al medio ambiente y los recursos de los países donde opera.


Explicación un poco más detallada: Relación entre desempleo, impuestos regresivos y gobierno de las multinacionales.

Los impuestos progresivos son aquellos que se recaudan más altos cuanto mayor es la renta; los regresivos, los que son más altos en relación a las rentas bajas. Podríamos decir que los progresivos tienen como sentido el reparto de la riqueza y la reducción del riesgo de pobreza. Los regresivos en cambio parecen basarse -o aproximarse- en la idea de que, a mayor comodidad de las grandes rentas, más inversión harán éstas y más empleo y más riqueza generarán. Ésta última es una idea neoliberal que, sin embargo, sabemos que no siempre se cumple. El rescate financiero que no ha mejorado la disposición de créditos y el ERE de Telefónica en su año de récord de beneficios son dos pruebas. Durante estos dos años de “crisis financiera” el número de millonarios aumentó en el mundo, lo mismo que el número de parados. Es decir, los cálculos y propuestas neoliberales son engañosos y acaban en desigualdad social.

Una de las consecuencias de que existan ingentes cantidades de dinero en pocas manos es, dentro del esquema de democracia en que vivimos, el que la misma sea fácilmente manipulada. Las grandes fortunas se reúnen con los gobiernos y les dan consejos más fácilmente y menudo que los votantes de a pie. Y como la democracia representativa permite que los gobernantes pasen 4 años alejados de sus electores, los políticos en general se han hecho más amigos de las grandes fortunas que de la población media. Y así, entre otras cosas, es como las políticas neoliberales son las que terminan imperando. (También está el tema de que organismos como el FMI, que dictan las políticas económicas, no son organismos democráticos).

Entre las propuestas que la gente, en el movimiento 15m, estamos haciendo, está la de fiscalizar más a las rentas más altas, es decir impuestos progresivos. Muchas de las grandes fortunas fiscalizan cerca de un 19%, mientras que las rentas más bajas (los que viven únicamente de su sueldo mensual por debajo de los 3000 euros) fiscalizan más del 40%. Algunas de las más grandes actuaciones de inversión no llegán a fiscalizar un 1%. Ante la idea de los impuestos progresivos, las opiniones más cercanas a lo neoliberal se echan las manos a la cabeza, pues significa incomodar a las grandes fortunas y “espantar” la inversión, y por lo tanto, poner en peligro el empleo y la economía. Argumentan que, por ejemplo, las multinacionales generan la mayor parte del empleo.

Ese argumento presenta, por lo pronto, dos (o más) problemas: Uno es que las multinacionales generan la mayor parte del empleo gracias a que los gobiernos han hecho políticas económicas que las favorecían, y que desfavorecían a las pequeñas inversiones y los trabajadores autónomos. Es decir, que las multinacionales controlen la creación de empleo y la generación de beneficios es consecuencia, entre otras causas, de impuestos regresivos.
El otro problema del argumento neoliberal es que presupone que el empleo desde las multinacionales es el único modelo social que podemos tener. Los servicios y necesidades que cubren las multinacionales pueden ser en la mayoría de los casos cubiertos por pequeñas empresas y autónomos. Las políticas neoliberales han ido generando un modelo económico donde las multinacionales han ocupado casi todos los nichos de la producción y el mercado. Pero las pequeñas empresas también pueden generar empleo, e incluso los autónomos. Pero no pueden si tienen que competir con las ventajas fiscales de que gozan las grandes empresas.

Muchos neoliberales a veces argumentan que el éxito en los negocios es una cuestión de dedicación y buenas ideas. Puede que sea cierto, pero hay que reconocer que, mientras que la economía es una competición (y esto también tendríamos que cambiarlo), las multinacionales siempre parten con ventaja. Además de las ventajas fiscales, las multinacionales pueden recurrir a la deslocalización para reducir costes de producción: contratar la producción en países baratos y luego ocupar el mercado en países caros. Eso ha hecho que se cierren plantas que eran rentables, despidiendo a la plantilla, para abrirlas en países más baratos. En muchos casos se trata de países que no tienen las mismas leyes sindicales -o carecen de ellas- que el país de destino de los productos. Contra eso, una empresa de ámbito local o nacional no puede competir, si tiene a todos sus empleados en el mismo territorio. En los últimos años, cada vez más pequeñas empresas tienen parte de su producción o materiales contratados o relacionados en otros países (por ejemplo camisetas o copias de una producción musical) porque sale más barato. Como hemos visto, que una gran empresa reduzca costes, obtenga mayores beneficios y crezca, no garantiza que genere empleo estable, ni que no lo destruya. Estas desventajas también impiden a menudo que las pequeñas empresas utilicen sistemas más ecológicos, si resultan más caros que los que les permitan “competir”. La deslocalización para abaratar costes a paises con derechos laborales miserables, a medio y largo plazo, conlleva devaluación de los derechos sindicales en los países donde ya están asentados.

Además las multinacionales suelen potenciar o crear nichos de mercado que luego ellas mismas ocupan y estandarizan. El objetivo no es exclusivamente mejorar la calidad de vida del consumidor, sino crecer más y obtener más beneficios. Esto significa más poder económico para la empresa, que, como decíamos y sabemos, se convierte en poder político, que se traduce por ventajas para las grandes fortunas, lo que genera más beneficio para las grandes empresas, y sigue y sigue en un círculo vicioso. Y este círculo vicioso nos lo hemos de cuestionar, porque, aunque aumentan los beneficios, disminuye el empleo y la calidad de vida de los trabajadores. Del mismo modo que, aunque aumenta la producción de alimentos y los beneficios de las multinacionales de la alimentación, aumenta el número de hambrientos en el mundo. El crecimiento de las más grandes empresas no tiene nada que ver con la mejora de las condiciones sociales.

Si implantásemos una economía de impuestos progresivos, puede que eso “espantase” a la inversión de los grandes capitales, pero animaría la de los pequeños. Las pequeñas empresas y los autónomos proliferarían y tendrían cancha para invertir, mejorar, generar cada vez mejores servicios y crear empleos. Además, cuanto más pequeña es una empresa, más posibilidades hay de que esté adaptada a las necesidades y cultura locales, frente al mecanismo de las grandes de estandarizar los mercados a gran escala. Si las pequeñas empresas estuviesen en proporcionalidad de condiciones frente a las más grandes, también tendrían más posibilidad de adaptarse ecológicamente al lugar donde operan (si también fiscalizamos la contaminación y la destrucción del medio ambiente).

Otro agente de destrucción de participación política popular son los horarios laborales: igual que el dinero es poder, no se puede atender a la política si no se tiene tiempo. Eso lo comentaré en otro post.

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