jueves, 9 de junio de 2011

La cuestión agraria y alimentaria sugerida al 15m


Si Asturias no es un paraíso fiscal, no hay por qué comer manzanas suizas.
La agricultura también ha sido invadida por el neoliberalismo. Estamos reclamando soberanía política y económica, pero sin soberanía alimentaria estaremos en las mismas.

Recientemente, en un foro acerca de la soberanía alimentaria, subtitulado “¿Cuál es el futuro de la producción y el consumo de alimentos?”, los asistentes decidimos que debíamos hacer llegar las preocupaciones agrarias y alimentarias al movimiento 15m, hasta ahora sobre todo urbano, por las implicaciones sociales, económicas, políticas y ecológicas que incluyen los problemas que rodean a la agricultura en todo el mundo, y en especial en nuestro país.

Entendemos la agricultura como uno de los motores principales, sino el más importante, entre las bases que sostienen la sociedad humana, y que por lo tanto debe ser protegida por la sociedad de las políticas mercantiles neoliberales que la han transformado en los últimos años. Lo que debe ser un trabajo al servicio de toda la sociedad sin distinciones, relacionado directamente al Derecho a la Vida, y que, por ser una actividad ligada directamente a la Tierra, debe ser testigo y guardiana de la preservación de los recursos naturales, ha sido puesta por los gobiernos en manos de grandes lobbys de empresas cuyo objetivo es el crecimiento, el lucro y el control de los recursos y los mercados.

Identificamos los problemas que atañen al campo, la producción de alimentos y su consumo:

-La Política Agraria Comunitaria de la UE (PAC) lleva muchos años convirtiendo el universal y trascendental hecho de producir alimentos en otra rama más del comercio sujeta a los vaivenes de la especulación:

  • Desde la implantación de la PAC el número de productores en tierras europeas se ha reducido drásticamente.

  • Gran parte de los productores que existen sobreviven gracias a las subvenciones europeas, pues en muchos casos no pueden decidir el precio de lo que producen, que incluso llega a ser inferior a lo invertido. De no ser por las subvenciones, su trabajo sería inviable.

  • Las condiciones que la PAC impone a los campesinos son cada vez más exigentes: el tamaño de las explotaciones, la extensión de tierra o la cifra de cabezas de ganado exigidos son cada vez mayores. Se sigue una dinámica de productividad basada en el aumento de cantidad por puesto de trabajo.

  • Entre las exigencias, a menudo está la utilización de agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, combustibles), variedades de semillas, y otros productos que, al tiempo que ponen al límite las capacidades de la tierra, enriquecen a unas cuantas empresas.


-El campo también ha sufrido las tácticas del mercado neoliberal de la deslocalización, la privatización, la especulación, la contaminación y el consumo sin consciencia:

  • Mientras en los países tecnológicamente avanzados se reduce el número de productores y se les aumentan las exigencias de producción, la producción de alimentos de las grandes cadenas se deslocaliza a países con materia prima, impuestos o mano de obra más barata y menos protegida. Incluso algunas denominaciones de origen españolas han dejado de producirse en suelo español.

  • El FMI ha impuesto a países pobres la obligación de permitir la importación de alimentos de países ricos subvencionados vendidos a precio inferior al de producción (dumping), mientras que les impedía subvencionar a sus propios agricultores. La consecuencia de esto es la ruina de la producción propia, la miseria, la dependencia de préstamos internacionales, y el enriquecimiento de las empresas exportadoras de los países poderosos.

  • Muchas producciones comerciales de alimentos en suelo europeo son trabajadas por mano de obra precaria en condiciones miserables, en muchos casos inmigrantes con sueldos miserables o sin papeles.

  • La alimentación humana es otra víctima de la especulación financiera.Las cosechas se venden en bolsa. Incluso se subastan los beneficios de las cosechas de años futuros. Esto pone en peligro el control de las producciones, que pueden verse influidas por las decisiones de los accionistas.

  • Gran parte de la producción mundial de alimentos acaba en la basura para mantener el mercado en su forma habitual.
    La PAC limita la cantidad de leche que los ganaderos tienen permitido producir, para mantener la balanza de precios. Es decir, se les exige productividad, y luego se les sanciona por llevarla a cabo. Es la paradoja contranatura de prohibir producir alimentos.

  • La búsqueda de la implantación de los alimentos transgénicos no es otra cosa que el intento de las multinacionales para tomar el control sobre el derecho de la sociedad a manejar el futuro de sus alimentos. Con el argumento de “mejores alimentos” para “solucionar el hambre” o reducir el precio de los alimentos, se intentan poner en marcha sobre la población experimentos con plantas modificadas cuyos efectos en las personas y el medio ambiente aún se desconocen, y en muchos casos ni siquiera han pasado los controles pertinentes. Desde que entendemos que existen alimentos y recursos suficientes para alimentar a toda la población humana, el problema del hambre no es la falta de alimentos o de especies de los mismos, sino el sistema económico cuyo reparto es injusto y controlado por minorías que buscan el lucro de sus grupos.

  • Además, las empresas que crean organismos modificados presionan a la UE y a EEUU para la creación de leyes de patentes y “derechos de autor” sobre los organismos, destruyendo la soberanía natural de la sociedad para compartir el fruto natural de lo que da la tierra. Esta problemática incluye los casos de las “semillas suicidas” y la biopiratería o intento de las empresas de apropiarse de variedades populares ya existentes.

  • El problema de propiedad y uso de la tierra impide el lógico desarrollo de la agricultura. Grandes extensiones de terreno son utilizadas para la especulación o convertidas en suelo industrial, mientras la producción agraria se deslocaliza y es controlada por grandes empresas.

  • Algunas subvenciones son absorbidas por las extensiones de tierra pertenecientes a grandes fortunas. Dichas subvenciones son otorgadas, por ejemplo, por la suma de metros cuadrados de la finca y no por la cantidad de toneladas de alimentos puestos en circulación. No se sabe con exactitud si todo el terreno es sembrado o si los alimentos producidos son comercializados o en qué condiciones. En España, la mayor suma de subvenciones recibidas por agricultura han sido para la Casa de Alba.

  • En los países tecnológicamente avanzados las pautas de comercialización de alimentos han dado prioridad a las grandes empresas (supermercados y grandes superficies). Esto ha hecho desaparecer paulatinamente a casi todo el pequeño comercio, potenciando los oligopolios, y ha sentado pautas de competitividad por encima de la transparencia.
    Además, el sistema de distribución de alimentos está repleto de intermediarios, que inflan y deciden los precios de los alimentos producidos, sin que el productor original pueda decidir o disfrutar de esos beneficios.

  • A pesar del aumento de controles, la calidad de los alimentos ha disminuido. Se han sustituido las propiedades nutritivas de plantas sanas y su sabor, por plantas cultivadas con métodos que fuerzan su metabolismo y producen alimentos de mejor aspecto comercial, pero de menor valor alimenticio y de escaso sabor. Muchas veces el consumidor no sabe exactamente qué esta comiendo (y en el caso de los transgénicos, no existe regulación de etiquetado suficiente).

  • Es paradójico que a la agricultura ecológica se le exijan más controles y certificados que a la comercialización de alimentos “regulares”. Parece que al consumidor medio se le haya acostumbrado a preferir alimentos de peor calidad, al mismo tiempo que a gastar mucho dinero en consumir más productos de marca o de lujo.

  • Junto a la deslocalización y la competitividad, se generan problemas de exceso de consumo de energía y emisión de contaminantes: el envío de alimentos de un lado a otro del mundo, o de un lado a otro de Europa, o de una esquina a otra de un país antes de llegar al consumidor, puede llegar a límites absurdos. La venta de alimentos “regulares” por los canales comerciales puede significar hasta un 80% más de energía que la que significa la producción y el consumo ecológicos.

  • Se ha acostumbrado al consumidor a tener de todo en cualquier momento y sin conciencia de su procedencia o de su impacto ambiental y social. La existencia de ciertos alimentos fuera de temporada a menudo conlleva las prácticas comerciales citadas y el abuso de los recursos naturales.

  • Los agrocombustibles (a menudo llamados “biocombustibles”) es otro problema añadido para rizar el rizo. No se trata de una solución a los problemas ambientales generados por el transporte: su uso no reduce la contaminación emitida, y además su comercialización conlleva el aumento de tierras de cultivo y la deforestación, el aumento de los precios de los alimentos al equipararlos con los combustibles, y por tanto el aumento del hambre, y el aumento de poder de los lobbys de la energía y los agroindustriales. En realidad la solución pasa por planificar el comercio y el trabajo de forma que se vaya reduciendo el exceso del uso de los transportes.

  • La subordinación de la producción de alimentos al mercado lleva en muchos casos a los grandes monocultivos, que son una de las causas de la deforestación, el empobrecimento del suelo, la devaluación del trabajo por la deslocalización a países que permitan esas grandes extensiones en terreno vírgen, y la introducción de variedades vegetales invasoras.

  • La competitividad y la comercialización en masa también fuerzan a tratar a los animales de granja con menos respeto y cuidado, acortando su vida y aumentando su producción, utilizando fármacos y dietas que no les son naturales, modificando su comportamiento de forma radical, estabulándolos en condiciones desnaturalizadas, etc.

  • Se han roto gran parte de las relaciones vecinales, ambientales y comerciales relacionadas al consumo de alimentos cercanos, haciendo desaparecer una buena parte del saber tradicional de muchos pueblos del mundo.


Conscientes de los problemas que rodean al campo, entendemos que es necesario cambiar la situación, y hacemos algunas propuestas, a quien corresponda, y que queremos trasladar a todas las asambleas del movimiento ciudadano 15m. La mayoría son compartidas por muchas personas, grupos y movimientos (como La Vía Campesina), y otras son propuestas particulares surgidas en la tormenta de ideas.

  • Debemos sustituir la predominancia de las influencias comerciales en la producción de alimentos por el concepto de SOBERANÍA ALIMENTARIA: El poder natural de la ciudadanía a decidir los métodos y resultados de la explotación de la tierra, garantizando alimentos de calidad para todos y permitiendo que la tierra permanezca útil y fértil para las generaciones siguientes.

  • Debemos permitir que la agricultura ecológica gane terreno a la agricultura industrial, y que la distribución en cercanía cubra el espacio que ahora controlan los alimentos distribuidos en grandes distancias.
    Los organismos oficiales deberían optar por los alimentos ecológicos en los comedores públicos (colegios, etc).

  • La producción de alimentos debe ser un sector que genere empleo:

  • Se necesitan políticas agrarias que aumenten el número de productores, para asegurar la autosuficiencia y sostenibilidad alimentaria de las naciones y las comunidades autónomas. Se podría crear un cupo mínimo de productores por número de habitantes o por extensión de un territorio.

  • Para ello, se debe limitar la acción de las deslocalizaciones, las importaciones y las exportaciones de alimentos. Esto reduciría la huella ecológica de nuestros alimentos, y forzaría a aumentar el número de productores de cercanía.

  • Especialmente se debería controlar la exportación basada en las contrataciones que devalúen las condiciones laborales, al operar en países bajo condiciones de trabajo precarias o penosas.

  • Se deben mejorar las condiciones laborales del campesinado, y aflojar las condiciones que el mercado les impone.

  • Se debe potenciar un comercio en cercanía, que genere más puestos de trabajo de productores y pequeños comerciantes, y se eliminen los múltiples intermediarios comerciales del mercado a gran escala o de distancia. Además esto puede reducir el exceso de envases individuales de usar y tirar.

  • Deben cambiar los precios de los alimentos y aumentar los beneficios directos de los productores. Esto se haría por dos caminos: aumentar el poder adquisitivo de los consumidores, y reducir los intermediarios, como hemos dicho. Por lo tanto cambiar las condiciones del campo y la agricultura podría ser una herramienta para cambiar las condiciones del resto de trabajadores.

  • Se debe legislar y limitar la producción de organismos modificados genéticamente, en la consciencia de que no se tiene certeza de que sean seguros para el ser humano ni para el medio ambiente.

  • Se nombró la hipótesis de nacionalizar la producción de alimentos, para convertir la alimentación sana en un derecho ciudadano como la sanidad y la educación públicas, en consonancia con la necesidad de acabar con el hambre y con la especulación alimentaria.


RESUMIENDO

La agricultura, siendo un pilar fundamental de la sociedad y del contacto humano con su medio ambiente, ha sido vapuleada internacionalmente por políticas neoliberales presionadas por lobbys de grandes empresas. El resultado social es el mismo que la deslocalización, la especulación, los monopolios y los EREs en otros sectores laborales. Si queremos cambiar las políticas sociales y económicas, tener bases para una cultura “a escala humana”, creemos que cualquier movimiento reivindicativo, como es el caso del actual 15m, deben contar con cambios en las políticas agrarias y la forma de ver el consumo. Consideramos que las luchas campesinas basadas en los criterios de soberanía alimentaria pueden ser una potente herramienta de transformación social.


Relacionado:

La Vía Campesina

La semilla del futuro. La agricultura explicada a los ciudadanos.
Autor: José Bové y Frnaçois Dufour.
Colección Antrazyt, 226
Editorial Icaria. Barcelona
Año de edición: 2005

2 comentarios:

  1. Un articulo cojonudo, gracias, estas cosas nos emponderan.

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  2. Gran artículo, gracias

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