lunes, 22 de agosto de 2011

Ser o no ser perroflauta


En los últimos meses se ha puesto de moda el término "perroflauta" a raíz de la presencia de "punks y hippies" en las manifestaciones del 15m. Pero hace meses, "perroflauta" tenía un significado más liviano y menos "castigador": a partir de la imagen de vagabundos acompañados de sus animales que piden en la calle armados de una flauta, se aplicó a personas -sobre todo jóvenes- afines a manifestaciones estéticas o artísticas que se vienen a considerar "hippies" o "alternativas", y a lo mejor actividades desarrolladas alrededor de casas ocupadas y centros juveniles "alternativos", y en general con tendencia a ser de izquierdas. Ese es el estereotipo que, tanto la gente de izquierdas como la de derechas, entendíamos. Pues como estos jóvenes "titiriteros" suelen ser de izquierdas, hicieron presencia en el 15m, como otras muchas personas de diferentes estilos de vida, sobre los cuales, si queremos, podemos lanzar estreotipos igual de mordaces que los que utilicemos para los "perroflautas", y con igual trasfondo de, en realidad, sentido del humor. Como las manifestaciones fueron multitudinarias, la proporción de "perroflautas" en ellas es mayor que en el día a día, y de ahí que a algunos ojos todo esté lleno de perroflautas y de otras decripciones peores. Y bien, estos ojos no ven que la gente de izquierdas en general tolerantes con los perroflautas y con cualquier otro "tipo" de persona por principio, y, que yo sepa, no nos metemos en las cuestiones privadas que tengan que ver con la estética o aficiones culturales de cada cual, si lo que se trata es de hablar de política troncal. Así que a muchos de esos ojos les parece horrible que toleremos a perroflautas, punks y hippies en las manifestaciones, porque ya se lo parecía el que los toleremos en el día a día, como a personas "normales" -si es que éstas existen-. Pero otra cosa que estos ojos no ven es que por ser de izquierdas y tolerar a los perroflautas no significa que no veamos los defectos que puedan tener, es decir, el no ser contra-perroflautas no implica que uno sea pro-perroflautas. Los perroflautas son algo que hay, como tantas otras cosas, que, ahora que lo pienso, si las enumero caigo en la cuenta que muchos ojos tampoco pueden tolerar. Las personas abiertas de mente entienden que se puede ser punk y tener una opinión política elaborada, porque estamos en el siglo XXI. Otra cosa que esos ojos no ven es que cada persona es diferente, y eso incluye a los perroflautas, que no son un movimiento organizado ni una conspiración contra los "buenos valores", como a veces parecen estar a punto de sugerir.

Así que, a esos ojos, ni los árboles les dejan ver el bosque ni el bosque les deja ver los árboles. Y en estos meses de manifestaciones tolerantes (con sus vicios y sus virtudes) el término perroflauta ha pasado a ser un término despectivo universal para cualquiera que hable de política y lleve una camiseta en lugar de camisa, o tenga barba a la moda, o lleve pantalón corto en verano, etc. Y, finalmente, es el nuevo insulto para cualquiera que sea de izquierdas. Antes era un término del humor y la sátira populares, y ahora es un insulto político. Su significado es antiguo como lo más rancio: si no piensas como nosotros, eres un vago, un guarro, alguien que no se integrado en la sociedad, seguramente un radical extremista. El que ese término ahora se aplique tanto a los "perroflautas" originales, como a personas de cualquier edad, condición y estética, lo hace semánticamente peligroso, porque demuestra una vuelta de la mentalidad de lo más rancio y cerrado de la moral inmovilista de la derecha de toda la vida.

Es una realidad del momento, palpable en las redes sociales, en la calle y en algunos medios de comunicación, que quienes más utilizan el término "perroflauta" para denostar son periodistas de ultraderecha, gente que sigue el pensamiento neoliberal y neocon, gente que aplaude las actuaciones violentas de los antidisturbios y algunos de los mismos antidisturbios, y alguna que otra gente seguidora del papa. No estoy inventándomelo, ni tampoco generalizando. Antes "Perroflauta" era un término inocente y sencillo y ahora es una palabra que incluye no sólo a punks y hippies, sino también a personas de cualquier edad y trabajo que se manifiestan (incluso he llegado a leer que "en los videos nunca se ve a nadie normal"), incluye también a los periodistas, y hasta a los dirigentes del PSOE.
Se dice "perroflauta" donde antes se decía "rojos": mientras que éstos tenían rabo y cuernos, ahora se les supone ser unos vagos que no buscan trabajo y que huelen mal.
Es decir "perroflauta" se ha convertido en un insulto con supuestas implicaciones políticas. La derecha más cabezona (no necesariamente la ultraderecha) pretende que cuando hablemos de política tengamos miedo de no llevar la ropa adecuada, de tener discursos de izquierdas, de ser críticos con el sistema, y en general, de ser nosotros mismos. No es más que un insulto, y aunque no tiene ningún contenido político aceptable, ya no critica a vagabundos sino a cualquiera que de su opinión política y resulte ser de izquierdas. Y ya no se trata de si eres "antiglobalización" o "antisistema", simplemente se refiere a toda la izquierda, siempre considerándola una gran conspiración coordinada, donde supuestamente los votantes del PSOE patrocinarían a "grupos de violentos", y los ateos piden leyes de igualdad para las mujeres porque quieren "matar niños". Y al final tampoco se trata de que te consideres o no de izquierda, o si eres afin al movimento 15m, sino si representas o no la imagen de "los valores del buen ciudadano", o si los contravienes con tu libre pensamiento. Es decir, de un insulto suave, pasó a ser un insulto político, pero de esos que se usan para saltarse todo el rigor y se convierte en un insulto social de amplio espectro.

Creo, entonces, que podemos pasar a la fase en que dejamos pasar que nos llamen lo que quieran, no perder un minuto en intentar rebatir críticas sin sentido, y poner atención sólamente a aquello que de verdad tiene importancia.