miércoles, 20 de junio de 2012

El trabajo o el cambio social (I)

Continuando la reflexión del último post en que hago referencia a las críticas que algunos defensores de las protestas mineras hacen a los movimientos del 15m, voy a referirme a la última parte de ese post haciéndome la pregunta de si lo que queremos es simplemente empleo o un cambio en el sistema.

La abundancia de protestas en el último año en numerosos países, muchos de ellos democracias capitalistas, tiene que ver con que

uno de los efectos de esta "crisis" (o estafa) es una oleada de desempleo masivo. A finales de los 90 y durante la década pasada se decían impensables estas protestas en los "países desarrollados". Se creía que ya no existía ni la oportunidad ni el poder para cambiar las cosas, y uno de los motivos es que a la mayoría parecía irles bien. Esa situación de bonanza, sin embargo, se asentó en la explotación casi sin límites de la gente y los recursos de los países que no veíamos, lo que llamamos "el sur". Durante ese tiempo, sólo un pequeño sector de la población del norte compartía la información que explicaba el por qué de esta aparente bonanza sin par, que era utilizada por el poder como excusa perfecta para desacreditar toda disidencia y las corrientes de opinión de izquierdas, en especial a ese sector minoritario, a los movimientos antiglobalización y también a los analistas digamos marxistas. La izquierda más popular ha sido la versión descafeinada del socialismo que conocemos, cada vez menos parecida a sí misma y mejor recibida en los salones del neoliberalismo. Durante estos últimos años antes de la crisis financiera, protestar contra el sistema parecía un tiempo tan perdido que incluso se dijo que la juventud no tenía ideales ni capacidad de protesta. Pero llegó el momento actual, y todos sus factores no dieron como resultado otra cosa que indignación internacional y protestas en todo el mundo. Internet se convirtió en un factor de cohesión de la inquietud de cambio de millones de personas alejadas geográficamente. Algunos de los motivos: la corrupción política y financiera, los abusos sociales de los bancos, la creciente dificultad para prosperar en una aparente época de prosperidad, y el aumento del desempleo, entre otros. La bonanza parecía no resultar duradera, y los desempleados, los estudiantes con futuro dudoso y los críticos con el sistema salimos a la calle.

Cabe preguntarse si estas protestas habrían tenido lugar de no haber estallado la burbuja financiera. Probablemente no. Preguntarse si la protesta de todos los que se manifiestan es genuina o sólo guiada por interés personal sería muy retorcido y campo de la casuística individual, pero en lo sociológico tiene sentido pensar en ello, no tanto por desmerecer que mucha gente haya abierto los ojos por haber recibido una bofetada de un sistema traicionero, sino por calcular si la opinión pública sobre el sistema va a mantener de forma duradera esa popularización de esta renovada visión crítica. Si la mitad de los manifestantes y bloggers recuperaran un empleo ¿se mantendría viva la mirada crítica y la intención de conseguir un sistema más justo? Quizá al menos en parte. El discurso colectivo actual ha sido renovado por todos estos movimientos de protesta. Pero aún no ha dejado la marca más profunda. Quizá mucha gente cree que el sistema ha sido corrompido por una serie de vacíos normativos en un momento concreto, o por un grupo de personas que supieron sacarles provecho, pero lo más probable es que el sistema siempre haya tenido la misma intención, al menos en los últimos 30 o 50 años: desigualdad global y control social y financiero creciente para una élite. Lo que está ocurriendo en Europa y Norteamérica es lo mismo que ya ha ocurrido en Sudamérica, África, Asia y Rusia. Los especuladores en muchos casos tienen los mismos nombres y apellidos. Y son insaciables. Los países en crisis en las pasadas décadas ya no confían en el FMI, y los corruptos en las filas del mismo ahora juegan al monopoly con los países donde la democracia y los derechos laborales eran más fuertes. No le temen a nada, les encanta jugar y superarse.

Aunque mucha gente tenga en los labios la verdad de que el sistema es corrupto y que está llevando a los ciudadanos de a pie a la ruina injustamente, no todos parecen relacionar estos hechos. A veces ves a la gente recomendar hacer la compra donde es más barato, y qué remedio. Y no se habla tanto de cómo las multinacionales se saltan los derechos humanos y laborales en países pseudodemocráticos, como de la corrupción en los salones europeos y el aumento de la presión social dentro de nuestras fronteras. Sin embargo, todo ello es lo mismo. Nuestro feliz consumo en la pasada década fue posible por esa corrupción y explotación en tierras lejanas. El aumento del paro y la presión para prosperar tiene como fondo el hecho de que la mano de obra y el trabajo de producción es más barato en "el sur", así como menos legislado en cuanto a requerimientos medioambientales, derechos laborales, e incluso derechos humanos. Me gustaría que todos los manifestantes y bloggers del mundo se preguntaran si lo que queremos es recuperar esa bonanza basada en el abuso, o cambiar el sistema de verdad. ¿Recuperar simplemente los empleos y el poder adquisitivo, o que se dibuje un nuevo mapa de las reglas económicas mundiales? Si no hacemos esto último, volveremos una y otra vez a este punto de partida.

La actual crisis (que en realidad no es sino una estafa) no es sólo culpa de cuatro o cinco empresas multinacionales financieras corruptas en un momento determinado. Es también culpa de nuestros gobiernos "democráticos" que durante años han cerrado filas a favor del libre comercio por encima de la evolución de los derechos humanos. Defender el estado del bienestar dentro de nuestras fronteras y para los nuestros, pero ignorar los derechos más elementales en el resto de países. Podrían haber puesto trabas a la corrupción y las dictaduras a través de las leyes de comercio, por ejemplo gravando sobre los productos importados de países donde no se respeten los derechos humanos, laborales o medioambientales. Sin embargo, nuestros políticos dicen que China es el ejemplo de competividad. Hasta la fecha la mayoría de nuestros ciudadanos parecían muy felices comprando Nike y Apple fabricados en condiciones dudosas. Es la otra cara de nuestro progreso: la revolución industrial primitiva y brutal, que, lejos de haber sido superada, fue exportada a otros países. Y no nos engañemos, no se hizo para nosotros, sino para los altos directivos de las grandes inversiones. El capitalismo actual evidencia no ser una solución que desbanca a las teorías económicas más justas creando una solución ideal para todos, sino una estafa piramidal para satisfacer las ansias de juego y acumulación de una minoría ya demasiado rica. Y parte del paro actual se basa en esa libertad para la deslocalización: ahora más que nunca, sale más barato fabricar en China que pagar a los trabajadores europeos con sueldos europeos.

Parece claro, entonces, que si queremos una sociedad donde la estabilidad económica no dependa de la corrupción, no tenemos simplemente que rebobinar hasta antes de la crisis, sino adelantar nuestro pensamiento hacia una globalización con más regulación, no basada en el crecimiento y la total libertad de circulación de capital y mercancías, sino en formas sostenibles de producción basadas en las necesidades, que sean asentables a largo plazo, de forma que cada país pueda producir aquellos productos que él mismo consuma, y donde se premie a los gobiernos de los países más justos y no a los menos. No olvidemos, por cierto, que parte del entramado actual tiene como base la corrupta industria petrolera, a la que conviene el constante transporte de mercancías, con los efectos medioambientales que conlleva.

Seguiré desarrollando este tema en próximos posts.

Tema relacionado: La cuestión agraria, la soberanía alimentaria y la sostenibilidad económica

sábado, 2 de junio de 2012

¿Defender a los mineros o defender la minería?

Parece que ha tenido cierta polémica una entrada en el blog de AcampadaSol en que un grupo de medio ambiente aportaba su visión sobre el tema de la minería de carbón. En ella ponían por delante el apoyo a los trabajadores y sus familias, pero añade un análisis de la cuestión minera. Se ha difundido una agresiva respuesta de un grupo musical  que mucha gente ha tomado como suya. Creo que con este tema hay que ser cuidadoso y objetivo, y separar varias cuestiones: unas que son a corto plazo y otras a largo plazo.

En mi opinión, el análisis que hace el blog de AcampadaSol puede ser

 totalmente acertado y deberíamos haberlo sacado a colación hace años. No es una opinión muy popular el criticar la sostenibilidad de las minas de carbón, porque los mineros siempre han puesto mucha energía en defender su derecho al trabajo. Quede claro, por supuesto -sólo faltaría-, que no estoy en contra de que se mantengan los puestos de trabajo de la gente que los necesita. Pero al mismo tiempo, hoy igual que ayer, creo que tenemos derecho a analizar las estructuras empresariales y económicas en las que vivimos, que -no lo olvidemos- son la base del problema.

Si no pudiéramos criticar la sostenibilidad del carbón, acabaríamos defendiendo la burbuja inmobiliaria, las nucleares, el trabajo esclavo en fábricas de productos de consumo en países más pobres, el rescate bancario y las guerras, porque todo ello da trabajo. En estos tiempos debemos defender los puestos de trabajo, pero ello no debe impedirnos hacer un análisis sobre cómo debe ser nuestro futuro. La economía y el sistema de mercado en que vivimos han sido diseñados por los poderes económicos: ellos han decidido la economía injusta y han creado la crisis financiera; ellos también decidieron que nuestro sistema de trabajo y consumo se basaría en desigualdad social y destrucción de los recursos naturales; ellos han comprado nuestro futuro de mil y una maneras. Si tenemos un enemigo, serán ellos y no ese criticado post.

Tenemos que hacer una crítica a la sostenibilidad tanto del carbón como de otras muchas formas empresariales, por lo menos con la intención de que tarde o temprano captemos el mensaje de cómo queremos construir la sociedad. Nosotr@s y no los poderes económicos de la desigualdad. Me parece acertado que hayan señalado que el hecho de que la minería sea la única salida de esas comarcas lo que pone de manifiesto es que el desarollo en las mismas está bloqueado. Porque no creo que, de haber podido escoger mejor, todas esas personas hubieran escogido la mina directamente. Las minas, como otras muchas fábricas contaminantes en las que trabajamos, ni son propiedad nuestra, ni son un logro definitivo de las luchas sociales, sino más bien uno de los logros sobre el empleo conseguidos hasta ahora. Pero ese no es el final del camino.

No sé si en este blog o en otro que escribo desde antes del 15m, hablé alguna vez de que la historia de la lucha sindical lleva años estancada. Lo mismo, o similar, opina aquél señor que, ufano en su posición privilegiada, dijo que vivíamos en "el fin de la Historia", por motivos similares: la lucha social se había estancado. Hasta ahora, parecía haber desaparecido toda presencia importante de movimientos sociales críticos con el sistema. En mi opinión, la lucha obrera se fue estancando durante las últimas décadas asentándose en las cuestiones de defensa del puesto de trabajo y las condiciones laborales, el algunos casos convirtiéndose los sindicatos en poco más que buffetes de abogados de las plantillas de obreros afiliados. Sólo tímidamente se esgrimían propuestas como la jornada semanal de 35 horas, y sólo de forma más minoritaria aparecían en sindicatos anarquistas ideas consideradas utópicas como la jornada laboral de 3 horas como standard. Atrás quedaron en la historia reivindicaciones como éstas, que siguen teniendo sentido porque significan una crítica a un sistema económico y una exigencia de un reparto de la riqueza que, hoy más que nunca, es tan necesario como posible -en cuanto a cifras-. Pero todo eso siempre suena muy utópico.

Durante la época del ladrillo y las bonanzas de los 90, la mayoría de la gente no estaba dispuesta a perder su tiempo posicionándose de forma crítica contra el sistema. Quizá debieron hacerlo entonces. Puede que muchas personas hayan empezado a protestar ahora al verse sin trabajo, pero entonces no quisieron escuchar ningún argumento. "Las cosas iban bien", pero ya había muchos "antisistema" advirtiendo que todo eso era una estafa, que era destructivo y que tarde o temprano sufriríamos las consecuencias. La lucha social pareció desaparecer. Era "el fin de la historia". Y ahora, mucha gente que antes no veía motivos para protestar, ha abierto los ojos. Y esto es -yo creo- el 15m.

Así que, si podemos lanzar cualquier descalificación a un análisis en un blog, con tanta importancia como cualquier otro, con el argumento de que su visión está lejos de la verdadera lucha social, quizá antes debamos preguntarnos si defender el carácter empresarial de un sistema obsoleto, corrupto, insostenible y destructivo, aunque nos de puestos de trabajo, no está igual de alejado de esa lucha. Al menos de la que defendemos muchas personas que -también- defendemos el derecho al trabajo. No creo que defender los puestos de trabajo sea excluyente de intentar recuperar la soberanía sobre nuestro futuro y cómo queremos que sea. Creo que sería absurdo hacer una guerra entre obreros y el 15m por este motivo.